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¿Hacia dónde camina la empresa del siglo XXI?

En foros donde se encuentran directivos de empresas, accionistas, expertos en Management y trabajadores, he podido corroborar que existe un cierto nerviosismo hacia los movimientos en tendencias directivas que se están viviendo en las empresas. Éstas tienen el componente que siempre comentamos, pero que ciertamente pocos aceptan: el cambio. Esa maldita palabra que nos obliga a olvidar lo que aprendimos, lo que implementamos en la empresa y que en la actualidad ya no nos sirve, ya no es útil.

Francamente, tras esta introducción es fácil pensar cuál va a ser mi razonamiento hacia una previsión de futuro en las empresas de este siglo. Pues bien, es cierto, una variable del siglo xx, va influenciar sobremanera en el éxito de las empresas del siglo actual. El cambio, la adaptación, la metamorfosis, la flexibilidad; en definitiva, la capacidad de crear la empresa cada día, con todo lo que eso supone.

Adaptarse al cliente

Lamentándolo mucho, lo rígido, inflexible, no será rentable en las empresas. Es por ello que el verdadero valor de las empresas desde el punto de vista de mercado estará tasado en su capacidad de proveer de productos y servicios en función a la evolución de los gustos y deseos de sus clientes, pasando la misión de la empresa a tener sentido desde el punto de vista de clientes que atiende, no en cuanto a los productos o servicios que facilita.

La globalización marcará el aumento cuantitativo del mercado, pero será necesario ajustar la oferta a las necesidades locales

Dichos clientes, cada vez vivirán ciclos mas cortos de comportamiento en su consumo, con lo que hoy podemos ser líderes, mañana podemos perder mucha cuota de mercado si desatendemos a los clientes o simplemente no llegamos a tiempo. Éstos cada vez serán más diversos y formarán grupos más minoritarios en cuanto a sus deseos y apetencias, con lo que es probable que los estudios de mercado pierdan mucho sentido, no por incapacidad, sino por el factor limitador de llegar a tiempo, por entrar a comentar los problemas que generará adoptar un criterio de segmentación rentable. En definitiva, desde el punto de vista comercial las empresas se orientaran hacia los problemas de los clientes y su misión será ofrecer soluciones a dichos problemas olvidando la estandarización y la actual tendencia de definir nuestra misión adaptándolo a los productos que ofrecemos.

Necesariamente, aunque esto lo visualizamos más cada día las organizaciones empresariales, en cuanto a estructura organizativas van a sufrir importantes medidas de “adelgazamiento”, perdiendo en muchos casos, miembros que hasta hoy eran unidades de negocios muy apetecibles. Se intensificará con mucha probabilidad la colaboración entre empresas ante posibles oportunidades de negocios, que las empresas difícilmente podrán atender de manera individual, fundamentalmente por conocimiento de grupos de clientes.

De igual forma, creo que las macro empresas desaparecerán para pasar a formar grandes grupos de empresas, por lo que la centralización en la gestión y toma de decisiones dentro de las estructuras empresariales, probablemente no se ajusten a las necesidades de los clientes; y es que la globalización marcará el aumento cuantitativo del mercado, pero se necesitará ajustar la oferta de una manera local a las problemáticas de nuestros clientes. El marketing directo, la personalización, la rentabilidad por cliente serán criterios que se manejarán con más intensidad que la idea de grupo que ahora se comparte fundamentalmente entre las pymes, en estrategia de comercialización. Por lo tanto, las estructuras virtuales organizativas serán respuestas empresariales en pos de esa adaptación al individuo.

El papel del trabajador

Los trabajadores, por estos mismo referentes, tomarán un protagonismo que hasta ahora en muchas empresas han descuidado. Con un cliente menos claro en sus preferencias, una estructura menos potente y con una rotación del catalogo de productos altos, la necesidad vital de las empresas serán trabajadores bien formados, capaces de gestionar proyectos, que no tareas, y con una alta recepción a aceptar los cambios necesarios, e igualmente orientados al cliente comercial.

La empresa se dirigirá en la gran mayoría de casos al desarrollo como estrategia organizativa, con lo que organizaciones que se gestionen basándose exclusivamente en el control, no tendrán muchas posibilidades competitivas. Por lo tanto, trabajadores muy preparados en cuestiones técnicas, con grandes capacidades de comunicación interna y externa en la empresa y muy motivados, serán los perfiles demandados para poder dotar de funcionalidad y adaptabilidad a la empresa.

El próximo empleado: motivado, abierto al cambio, orientado al cliente y preparado pra gestionar proyectos antes que tareas

Como pueden entender, lo próximo (o como consecuencia de esto), será crear las condiciones en la empresa para que podamos retener a los trabajadores que reúnan estas características. Motivación, objetivos, habilidades directivas, liderazgo y capacidad proactiva, son elementos que van a incrementar su presencia en la empresa futura. Las organizaciones van a tener que empezar a pensar en los trabajadores como clientes de éstas, y dentro de la dirección habrá que realizar planes de marketing para ellos, pensando en su problemática, su aportación a la empresa y conseguir la identidad de la empresa. Todo esto irá mucho más allá del marketing interno que ahora manejamos.

Los caminos de la producción

Francamente, en cuanto a producción vemos con claridad por donde van los tiros: producir en los países que supongan menos costes para las empresas y que garanticen cierto nivel de calidad, por lo que si ahora los países estrella son los asiáticos (China, Taiwán, etc.), Marruecos y algunos países de Europa oriental, esto puede cambiar cuando la demanda actual de producción por parte de otros países aumente de manera considerable el nivel de vida de la población de éstos, con lo cual la actual localización de la producción perderá su ventaja competitiva y se buscarán otras alternativas en forma de países que produzcan con el nivel de costes y calidad previstos.

Los países boyantes serán los comercializadores, al igual que las empresas, con lo que las tecnologías e investigación jugarán el papel regulador de competitividad y de dotar a esa comercialización de un valor añadido que nos diferencie de la competencia. Esto se aprecia de manera acuciante en la actualidad, pero se va intensificar sobremanera, marcando diferencias muy importantes en un futuro cercano.

Por ultimo, por todo lo comentado hasta aquí, necesita ser “envuelto” -en el buen sentido de la palabra- con una ética y responsabilidad social. Quiero decir que las empresas, y los países en general, han de tener en cuenta como fuerza competitiva que allá donde sus tentáculos comerciales tengan contacto, han de generar un sentimiento de aportación y no de oportunidad, sin menospreciar etnias, gustos, o cualquier otra característica. No olvidemos que la globalización, entre otras cosas, ha puesto a nuestra disposición toda la información sobre las empresas en segundos y esto puede ser una ventaja competitiva o el principio del fin. Por lo tanto, actuaciones éticas y buen manejo de medios serán claves.

Recuerde: el mercado siempre pasa factura, para lo bueno y para nuestros errores. Piense, reflexione: ¿está su empresa en el camino de ganar el futuro? ¿Está su empresa en disposición de convertirse en una empresa competitiva del siglo XXI?


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