Hemos probado: Nokia N8

Por fin el esperado N8 de Nokia es una realidad. El smartphone con el que Nokia quiere cambiar su línea de productos y hacer de vedad, eso, smartphones. Pero, ay, el camino es arduo… Lo primero que notamos al tener el N8 en las manos es que Nokia vuelve a tener teléfonos con personalidad propia. Ya no es un Nokia que se parece a una BlackBerry, ni un Nokia que imita al iPhone. Si hablamos desde el punto de vista del diseño, es un teléfono consistente y sólido, aunque habrá quien prefiera la ligereza de otros modelos y pueda calificar el N8 incluso de pesado. Cabe destacar que Nokia se ha apuntado a la tendencia de las baterías internas (con una duración más que aceptable). La tarjeta SIM, al igual que la SD, se extraen desde una ranura en el lateral izquierdo, lo que ahorra la incómoda tarea de quitar la tapa y la batería para manipularlas, aunque el inconveniente es que no son fáciles de abrir. En el otro lateral encontramos los botones de bloqueo, volumen y captura de imágenes. En conjunto quizá más que el smartphone medio, pero sin resultar excesivo. En el frontal hay un único botón, que da acceso al menú de herramientas. La lástima es que falta algo tan obvio que parece mentira el olvido o la omisión: una tecla de “Atrás” para retroceder o salir de aplicaciones abiertas, Bien, el N8 lo encontraremos en las tiendas de móviles, aunque no sería raro que se vendiera en los departamentos de cámaras digitales. Y es que da la sensación de que hablamos de una sofisticada cámara, que además se puede usar como teléfono. Las prestaciones de la cámara son sencillamente espectaculares: 12 megapíxeles, óptica Carl Zeiss, editores de foto y vídeo, grabación en HD, flash Xenon, cámara frontal para videoconferencias, entre otras funciones… Los 16 GB de memoria interna permiten almacenar más de 7.000 fotografías a la máxima resolución. Lo cierto es que la cámara ensombrece al resto, dando la sensación de que nada de lo que haga el N8 como teléfono va a alcanzar ese nivel. Pero –recordemos- es un teléfono, y como tal funciona bien. La calidad de sonido es impecable; la navegación web también es muy destacable, con rápida respuesta de su pantalla capacitiva de 3,5 pulgadas. Los problemas con el N8 casi siempre vienen del manejo del sistema operativo, Symbian ^3. Es una lástima que Nokia no haya tomado nota de errores de modelos anteriores, porque la interacción sigue siendo lenta, con menús engorrosos y poco intuitivos. Al menos el N8 se libra del bloatware (ese exceso de aplicaciones instaladas que nunca usaremos), y sólo viene con las aplicaciones básicas (ofimática, editores de imágenes, reproductor de música y poco más), para que cada uno se descargue de Ovi lo que le parezca. Precisamente, otro inconveniente para el usuario es la obligatoriedad de registrarse y crear cuenta de Ovi Nokia para casi todo, incluyendo por ejemplo la herramienta para reunir los feeds de redes sociales. El efecto es el de un sistema bastante cerrado, lo que resulta algo contradictorio con el software libre que utiliza. Por último, destaquemos el compromiso de Nokia por hacer sus productos más ecológicos. El N8 incluye diferentes modos de ahorro de energía, envoltorio reciclabe, está fabricado sin PVC y todos sus comopnentes son reutilizables. En definitiva, un teléfono que gustará a los fans de Nokia (que los hay, claro), pero que difícilmente convencerá a quien se haya acostumbrado a manejar un Android, un iPhone u otros modelos.


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