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Hipervínculos: algunos aspectos legales

El hipervínculo se podría definir como aquellas líneas de programación que, aunque no sean visibles al usuario de una página web, permiten al mismo con un mero clic sobre determinado texto, imagen o icono, acceder a otra parte de la misma página web, a otra página del sitio web o a otro sitio web.

Dentro de ellos hay dos tipos básicos: el linking (o link) y el framing. El primero nos permite ir a otra dirección web, esté la misma donde esté; el segundo no sólo posibilita esto, sino que lo hace de una forma muy especial, pues aunque nos redirecciona a otro sitio, el mismo no se ve en su totalidad, sino que conserva un marco (frame = marco) que oculta la información que el diseñador del frame no desea que el usuario vea.

Ejemplo claro de este tipo de enlace es aquel en el cual estando en la web A somos redireccionados a la web B, pero no vemos de esta segunda todo su contenido, continuando viendo todavía contenidos de la primera. A efectos prácticos se suele hacer, por ejemplo, para acceder a contenidos de la web B pero continuando con la visualización de la publicidad de la A, e incluso creando la apariencia de que los contenidos de B pertenecen a A, ocultando incluso la publicidad de la página de destino en beneficio de la de origen.

Problemática del linking

Por un lado, cabría la posibilidad de considerar dicho link como un acto de competencia desleal, e incluso hay juristas que estiman que en dicho supuesto estaríamos infringiendo el llamado derecho de reproducción del autor de la página de destino, aunque este último aspecto no está tan claro en sede judicial, puesto que hasta la fecha no hay una línea interpretativa clara al respecto.

Distinguiremos entre link (redireccionamiento) y frame (enlace que crea una apariencia engañosa)

Otro aspecto que hay que tener en cuenta es que si para activar el link, cara al usuario, usamos un icono o el nombre de una marca comercial, hay que hacer mención en él o en ella de los derechos que posee el titular de las mismas, aunque aquí tampoco existe en la actualidad una postura uniforme y sólida al respecto por parte de los jueces ni de los estudiosos jurídicos del fenómeno.

Al margen de lo anterior, hay un caso especial de linking, denominado deep linking (enlace profundo), consistente no en la mera remisión al sitio web de un tercero, sino a una página que no coincide con la home o página de inicio del mismo. Ello puede suponer -y en la práctica ha ocurrido más de una vez- que al encaminar al visitante a una página no principal sino secundaria del sitio de destino, perteneciente a otra empresa o sito web, estamos desviando a dicho navegante de los contenidos o índices principales que el titular de la web B ha dispuesto en la misma. Ejemplo: la web A establece un enlace hacia la web B, pero nosotros, titulares de la web B, y depositando todos nuestros esfuerzos en la página de inicio de la misma, hemos contratado el grueso de la publicidad en dicha página, con lo cual nuestro esfuerzo ha sido baldío, pero no así el aprovechamiento que hace de ello el creador del enlace de la web A, que con nuestro esfuerzo está obteniendo un beneficio a nuestra costa, no obteniendo nosotros, por el contrario, nada.

Casos de deep linking

Hasta la fecha, y que se conozcan, por lo menos en nuestro país -y que así me conste, en otros países- no hay referencias judiciales que nos puedan servir de referente a la hora de saber a qué atenernos, pues la ley no regula dicho fenómeno de una forma expresa, favoreciéndose así las más variadas interpretaciones al respecto.

No obstante lo anterior, tenemos un precedente en Estados Unidos, en concreto el ocurrido entre la archipoderosa multinacional Microsoft Corporation y una empresa de Seattle, llamada Ticketmaster Corporation. Ocurrió que Microsoft poseía un sitio web ubicado en la dirección www.seattle.sidewalk.com, de muy variado contenido, pero teniendo como punto común el estar orientado a la ciudad de Seattle. Pues bien, en una de sus secciones, concretamente en la dedicada a espectáculos, ponía a disposición de sus visitantes un link dirigido una página secundaria de la web de Ticketmaster, con el fin de facilitar a los usuarios la compra de entradas a través de la misma. Ocurrió que Ticketmaster había contratado con anterioridad con una empresa los servicios de los que en su página disponía, todo ello en exclusiva, aparte de haber invertido sumas económicas bastante altas en orden a situar publicidad de terceras empresas en su página de inicio. Conclusión: quedaron en desventaja -en cierto sentido en ridículo- aquellas empresas que habían contratado con Ticketmaster, pues su publicidad no se veía ahora, y además, se podía acceder a la compra de entradas desde uno de los portales de Microsoft.

Lamentablemente, aunque dicha disputa fue al juzgado, se resolvió mediante un acuerdo fuera del mismo, o séase, extrajudicial. Lo que sí podemos decir es que fue Microsoft quien indemnizó a Ticketmaster, lo cual demuestra que las posibilidades de esta última empresa a la hora de exigir una indemnización a Microsoft no eran tan descabelladas.

Problemática del framing

Recordemos que mediante este técnica es posible que ante la presencia de un visitante en nuestra página, una vez el mismo active el enlace correspondiente, visualizará contenidos de otra, pero sólo aquellos que nosotros deseemos, de forma tal que continuará percibiendo aquella publicidad que nosotros deseemos, enmascarada bajo la forma de una especie de marco u orla diseñada por nosotros, mediante la cual sólo recibirá publicidad y ofertas nuestras, no de la página de destino, las posea ésta o no.

Por otro lado, y para complicar más la cuestión, no es extraño que dicho frame enmascare u oculte la dirección web de la página de destino, o de aquella de la que usemos -selectivamente- sus contenidos. Es decir, la dirección que el navegante no avezado (o no muy observador) observará en su navegador será la de la página de origen, la que creó los marcos, lo cual claramente crea -o cuando menos favorece- la confusión de dicho visitante. Ante este hecho es mayoritaria entre los juristas la opinión de que se está cometiendo un hecho de competencia desleal, pues aprovechando un esfuerzo ajeno -el de la página de destino- y sin su autorización, estamos obteniendo un beneficio propio, ya sea directo o indirecto, y además, de forma clarísimamente intencional y premeditada.

El framing se entiende como competencia desleal, ya que un tercero se aprovecha del esfuerzo propio en su beneficio

Profundizando un nivel más, no han faltado estudiosos jurídicos del tema que consideran que desde el punto de vista de los derechos de propiedad intelectual, se estaría ante el supuesto de una obra derivada, y ello, con la ley en la mano, exige la autorización del titular de los derechos sobre la obra base, o que ha servido de sustento para la obra derivada. Esto significaría que si pudiésemos probar tal tipo de práctica, se podría obtener del tribunal correspondiente la adopción de medidas cautelares tendentes a ordenar al responsable del web A (el creador del frame) que retire el mismo, so pena de una sanción económica por cada día de retraso, que puede ascender hasta 6.000 euros diarios.

Casos de framing

Lamentablemente, y al igual que en el supuesto anterior, no hay hasta la fecha sentencias que analicen casos concretos de este fenómeno. Lo que sí podemos citar -y otra vez se nos torna necesaria la experiencia de EEUU- es el caso que se dio con una empresa llamada Total News, especializada en informaciones de prensa de actualidad diaria, que usaba frames hacia otras de tipo periodístico y con implantación digital, de manera que el visitante creía que continuaba en la web de Total News, pero siendo los contenidos de otros sitios web – entre ellos los del Washington Post-, incluso conservándose en el navegador del usuario la dirección web del creador del frame, y además omitiendo con tales marcos la publicidad hábilmente dispuesta en las páginas o contenidos de destino. Por desgracia para nosotros -en el sentido de poder saber qué hubiesen decidido los jueces en tal caso- todo se solucionó con un arreglo extrajudicial, pero al igual que en el caso antes comentado de Microsoft contra Ticketmaster, la empresa que recurrió a los marcos, \”bajó la cabeza\” y decidió compensar debidamente a los reclamantes.

Como anécdota, pero como tal a no interpretar de forma liviana o frívola, no estaría de más que aunque la ley ampare a aquel que sea víctima del aprovechamiento ajeno de nuestro propio beneficio, se establezca un documento, a modo de formulario o de advertencia legal, en el cual se establezcan las condiciones bajo las cuales una tercera empresa podría o no hacer uso de las técnicas aquí descritas con nuestros contenidos.


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