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Hoaxes: ¿Creer o no creer?

Hace más de 500 años corrían rumores acerca de grandes monstruos e inmensos peligros que acechaban a los intrépidos marineros que se atrevieran a aventurarse en el Océano Atlántico. Todo aquel que osara adentrarse en las aguas de poniente vería cómo su embarcación, en caso de que sobreviviera a las extrañas criaturas marinas, se precipitaría en un abismo sin fin perdiéndose en no se sabe muy bien dónde.

En los inicios del siglo XXI, todavía circulan numerosas leyendas en las que se describen las desgracias que les ocurrirán a nuestros instrumentos de navegación -los ordenadores-, en caso de que osemos abrir un correo electrónico que venga con un determinado asunto: borrará nuestros discos duros, estropeará nuestros monitores, dejará inútiles de por vida nuestras flamantes conexiones de banda ancha…

La inmensa mayoría de la información que circula por Internet alertando sobre nuevos virus (fundamentalmente a través del correo electrónico), suele ser radicalmente falsa. No podemos negar que el correo electrónico es un magnífico medio de comunicación, pero tampoco que, por desgracia, ayuda a propagar tanto software malicioso como burdas mentiras.

Estos mensajes son meras tomaduras de pelo. Alguien quiere gastar una broma y lo envía a todas las personas que puede, evidentemente con la sugerencia de que lo reenvíen a todas las direcciones posibles, pero… ¿qué gana con ello? A veces, se trata tan solo de pasar un rato \”divertido\”, pero para algunos el beneficio llega después: correos enviados y vueltos a reenviar cientos de veces, con inmensas listas de distribución a las que luego se puede hacer un e-mailing con fines publicitarios, por ejemplo.

Esta actitud puede, en situaciones de incertidumbre y temor generalizado, pongamos por caso, un ataque terrorista, degenerar en pánico, lo que favorece la proliferación de falsas alarmas. Por ello, es preciso distinguir claramente entre una genuina alerta de virus y un hoax (anglicismo con que por lo general se designa a los bulos que circulan por Internet).

Naturalmente, en Panda Software siempre hemos recomendado encarecidamente que se preste la máxima atención a cualquier mensaje que incite al usuario a su propagación indiscriminada. En definitiva, es la misma actitud cautelosa que también evitaría la difusión de los virus informáticos. Lo malo es que, en este caso, quienes propagan los bulos mencionados se aprovechan de la buena fe y la ingenuidad de los usuarios.

Por otra parte, el fenómeno de los hoaxes es bastante más grave y difícil de combatir de lo que parece, puesto que muchos de ellos siguen circulando libremente por la red sin que nadie se muestre capaz de ponerles coto. De hecho, numerosos expertos consideran que esto es poco menos que imposible, aunque entre todos podemos contribuir a que, al menos, la situación mejore sustancialmente.

Hoaxes y demás bulos

A pesar de que las falsas alarmas de virus son una de las modalidades preferidas por los embaucadores de Internet, hay otros tipos de bulos que conviene diferenciar para no añadir aún más confusión a todo este galimatías. Algunos de ellos no son sino variedades de hoaxes, pero otros pueden tener distintas ramificaciones, las cuales pueden llegar a poner en peligro la seguridad de un sistema informático.

Los hoaxes deben encuadrarse en la categoría de las llamadas leyendas urbanas, que florecen al calor de la actual expansión de medios de comunicación tales como Internet. No en vano, muchos ven en esta formidable herramienta informática un vehículo de expresión de opiniones y transmisión de noticias al margen de los cauces oficiales. Por desgracia, esto convierte a Internet, en lugar de en una \”Autopista de la Información\”, en un \”Sendero de Cotilleos\”. Por ello conviene estar atento y no caer en el error de creer que todo lo que circula por la red es digno de confianza.

A partir de ahí surgen distintos tipos de bulos, según la causa que los origina y la clase de mensaje a que dan lugar. Como cartas en cadena se denomina a los falsos avisos, ya sean de virus o no, que incitan a su destinatario a reenviarlos indiscriminadamente a todos sus amigos y conocidos. La mayoría de los hoaxes pertenecen a esta categoría.

Las falsas alarmas tienen un nombre suficientemente revelador: se trata, en efecto, de alertas infundadas que sólo pretenden que cunda el pánico y gastar una broma a los usuarios incautos o inexpertos.

Por último, cabría distinguir la categoría de los meros sustos, que no pasan de simples bromas, más o menos pesadas, cuyos autores, aparentemente, sólo pretenden pasar un buen rato a costa de la credulidad de los destinatarios de las mismas.

Conclusión

En resumen, nunca se insistirá lo suficiente en la necesidad de observar una actitud cautelosa ante cualquier tipo de mensaje que circule masivamente por Internet. Por ello, es recomendable emplear una conducta más reflexiva a la hora de reenviar los avisos de virus y, especialmente, la consulta de la sección correspondiente de una enciclopedia sobre hoaxes.

Puede encontrarse más información sobre las leyendas urbanas en la página web Urbanlegends.com, en la que no solamente se encuentran explicaciones a los hoaxes acerca de virus y desastres informáticos, sino también sobre la realidad de historias tales como las calcomanías con LSD, los pollos manipulados genéticamente para hacer hamburguesas o la congelación del cuerpo de Walt Disney.


Fernando de la Cuadra

Editor Técnico Internacional de Panda Software


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