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Hola Don Pepito, adiós Birulés

\”Un ministro puede ser cesado en cada momento\”, reconoció Anna Birulés hace menos de un año. Jamás como ministra de Ciencia y Tecnología acertó tan de lleno en una de sus declaraciones. El cambio ministerial emprendido el martes por el presidente del Gobierno, José María Aznar, ha dejado sin empleo a esta catalana de 47 años cuyo paso por el departamento que debería haber impulsado la Sociedad de la Información en España ha generado más críticas que alabanzas.

Un mal final para una mujer que entró como una de las mayores sorpresas en el gabinete que Aznar diseñó en abril de 2000. Pasado el tan cacareado y, como luego se demostró, inocuo efecto 2000, Birulés fue llamada para impulsar esas cuatro palabras que entonces apenas significaban nada y que hoy son símbolo inequívoco de fracaso: Sociedad de la Información.

Anna María Birulés ha permanecido ligada al Partido Popular –a pesar de haber flirteado en su juventud con el Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC)–, e incluso su nombre comenzó a sonar como una de las posibles candidatas a las listas del partido en Cataluña. Pero su paso de directora en Retevisión –la segunda compañía de telecomunicaciones española– al Gobierno no conoció zonas intermedias.

Nacida en Girnona el 28 de junio de 1954, doctora en Ciencias Económicas y de temperamento tenaz, muchos vieron su entrada en el recién creado ministerio de Ciencia y Tecnología la sombra de la larga mano de quien ahora la sustituirá en el cargo, Josep Piqué. Buenos amigos desde la época en la que ambos coincidieron en ideología política (comunismo) y en el Departamento de Industria de la Generalitat de Catalunya, Piqué fue la persona que ideó el ministerio de Ciencia y Tecnología cuando Aznar fulminó la cartera de Industria, entonces en mano del político catalán.

Concebido como un departamento de poca relevancia, el presidente eligió a Anna Birulés, mujer cuyo currículum laboral es de los que corta el aliento: número uno de su promoción, máster por la Universidad estadounidense de Bekerley y primer ejecutivo de Retevisión son sólo algunos de los hitos que jalonan una trayectoria profesional que todo padre desearía para su hija. Pero el punto de apogeo llegó cuando, el 27 de abril de 2000, se sentó en el sillón del Ministerio de Ciencia y Tecnología. Entre medias trabajó en la Consejería de Industria de la Generalitat y en la Secretaría General del Banco Sabadell.

Desde el primer momento las reticencias rodearon la designación de Birulés como ministra del ramo. Nada extraño teniendo en cuenta que cumplía a rajatabla la ley de Incompatibilidades de Altos Cargos por haber ocupado la dirección de Retevisión, cuya actividad estaba regulada por el ministerio del que pasaba a ser responsable.

Ristra de fracasos

Birulés tuvo que enfrentarse desde los primeros meses al escrutinio de la comunidad de internautas que, muchas veces con razón y otras muchas por tradición, criticaban su labor, definida en muchas ocasiones como inútil, contraproducente o poco efectiva. Desde que asumió su cargo hace ahora dos años, España no ha logrado salir del pelotón de cola europeo en materia de Sociedad de la Información. Sólo ha conseguido dejar atrás a Grecia y anda codo con codo junto a Portugal.


Adiós Birulés…

Tampoco ha tenido demasiado éxito con la implantación del UMTS, o telefonía de Tercera Generación. Ni siquiera el GPRS, concebido como una transición entre el denostado WAP y el UMTS, ha llegado a desarrollarse como estaba previsto.

Más rotundo ha sido el fracaso cosechado con el Plan Info XXI. La iniciativa, lanzada a bombo y platillo como la solución a los males de España en cuestiones de nuevas tecnologías, ha quedado reducido a un chiste. La mayoría de los puntos contemplados en el Plan no se han aplicado y sólo se ha empleado el 41% del presupuesto designado a tal fin.

La gestión de Birulés ha tenido, como no podía ser de otra forma, sus puntos positivos: ha llevado a cabo algunas medidas liberalizadoras en el mercado de las telecomunicaciones, como el sistema de precios máximos para Telefónica (Price Cap), el establecimiento de una tarifa semiplana para Internet –que nunca llegó a convencer a los Internautas– y la telefonía local.

Una de sus últimas iniciativas ha sido el lanzamiento de la campaña \’Internet para todos\’, proyecto enmarcado en el Plan Info XXI que pretende formar nuevos internautas, y está dirigido especialmente a \’infomarginados\’. La idea consistiría en impartir unos cursos de 15 horas a través de una red de centros en los que 920 profesores enseñarán a navegar a más de un millón de alumnos. En una primera fase, el ministerio destinará 5,5 millones de euros para este programa, partida que se podrá aumentar en función del éxito de los cursos. Desde el primer momento le llovieron las críticas, de nuevo, por la escasa relevancia del proyecto y las pocas posibilidades que tenía de llegar a ser útil.

Cae el telón…

Los focos la han perseguido estos dos años a Anna Birulés, tiempo en el que se ha esforzado por sacar su mejor talante en los momentos más complejos. Y es que a la ministra la soltaron en mitad del ruedo donde se encontró rodeada por toros sobrados de casta. La concesión de las licencias de telefonía de tercera generación, tarifas telefónicas o la lucha por conseguir que Internet llegue a todos los rincones de España a un precio aceptable han lastrado una labor con la que no ha quedado contento casi nadie.

Reservada sobre su vida familiar, Birulés está casada y tiene un hijo. En su faceta como ministra, muchos la han tachado de workacoholic, haciendo suya la frase \’Todo por el trabajo y por el trabajo\’. Por eso extraña más bien poco su compulsivo consumo de café: diez tazas de media al día. Aparte de la cafeína es una entusiasta del esquí y la literatura, fundamentalmente ensayo y biografías. Muchos podrían ser los títulos del libro que narrara su paso por el ministerio de Ciencia y Tecnología. Historia de un fracaso sería el más obvio.

… Y se sube para Piqué

\”Ahora sí que nos vamos a divertir\”, comentó un periodista de nuevas tecnologías nada más saber que Josep Piqué iba a pilotar el Ministerio de Ciencia y Tecnología. De la misma edad que Birulés, ha estado vinculado casi toda su vida profesional a cuestiones económicas. De esa experiencia todavía colean algunos escándalos que pueden lastrar su nueva cartera: su paso por Ercros, donde ocupó el puesto de presidente, está siendo investigado aún por la Audiencia Nacional.


…Hola Piqué

Su primer puesto de responsabilidad en el Gobierno de Aznar llegó como ministro de Industria, puesto que abandonó en abril de 2000 para asumir la cartera de Asuntos Exteriores. Durante su mandato ha tenido que lidiar con el conflicto de Oriente Medio, negociar con Inglaterra por el Peñón de Gibraltar y llevar las riendas de la presidencia española de la UE.

La Sociedad de la Información, tan maltratada durante la gestión de Birulés, debería experimentar un impulso nuevo con la llegada de Piqué, nacido en 1955 en Vilanova y La Geltrú. El nuevo ministro deberá dejar resuelto en los próximos años un acceso a Internet asequible, universal y de calidad para todos. De igual forma, no le cabrá más remedio que impulsar el proceso de la liberalización del bucle local y potenciar las iniciativas I+D.

En este último punto Piqué deberá enfrentarse a la comunidad de científicos, bastante desilusionada con la gestión del Ministerio de Ciencia y Tecnología. Recientemente enviaron dos cartas a la ya ex ministra Birulés poniendo negro sobre blanco sus reclamaciones. Una de ellas, procedente de once sociedades científicas españolas dedicadas a la biomedicina y la biología, acusaba al ministerio de que \”la gestión del sistema científico se está ralentizando en lugar de ser cada vez más ágil, como cabría esperar\”, y de que \”no existe una política científica definida en la que se encajen las distintas iniciativas que se están y que defina el marco presente y futuro de la Investigación en España\”. La otra, con 21 sociedades firmantes de carácter más general, iba por el mismo camino.

Quejas, desilusión y expectativas rotas. Esos son los tres obstáculos a los que deberá enfrentarse el nuevo ministro.


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