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Idealab, crisis de identidad

La firma de capital riesgo Idealab Capital Partners, que nació como brazo financiero de la incubadora de tecnología Idealab, ha decidido cambiar su nombre. Sus ejecutivos creen que mantener la denominación de la mítica compañía de inversión en Internet en su razón social perjudica seriamente a su imagen y actividades. La nueva identificación del fondo será Clearston Venture Partners. ¿Renegando del pasado?

Según los directivos de la firma, los problemas que atraviesa la incubadora están dando una imagen errónea de lo que está haciendo ahora el fondo de inversión, cuyas apuestas (dicen) están siendo muy positivas.

Y es que Idealab no ha sido una excepción en la crisis que vive el sector tecnológico y que está afectando a todas las incubadoras. Con inversiones en compañías como eToys (hoy en bancarrota), Cooking.com o GoTo.com, la empresa que fundara Bill Gross en 1996 ha visto cómo sus apuestas, cofinanciadas siempre por el fondo, caían en picado al perder atractivo los valores de la Red y desistía de sacarlas a bolsa.

Erik Lassila, socio de la firma de inversión, afirmaba en el momento del anuncio del cambio de denominación que se estaba produciendo una identificación mal fundada entre su entidad e Idealab. Para Lassila, el fondo no apuesta ya por el decadente y desprestigiado sector del comercio electrónico en el que se centró la incubadora, sino por otros con más futuro como el del software para dispositivos inalámbricos o las redes de fibra óptica. \”Tenemos diferentes gestores, diferentes inversores y una cartera que tiene poco que ver con la de la incubadora\”, añadía Lassila. \”La gente cree que somos cautivos de Idealab, y no es así\”.

\’Vade retro\’, Internet

Lassila quiso dejar bien claro que las inversiones de Idealab Capital Partners y las de Idealab tienen pocos puntos en común. \”El primer fondo que creó la firma, y que constaba de 105 millones de dólares, invirtió el 58% de su capital en compañías de la incubadora; mientras que el segundo, creado el 1999 con 350 millones de dólares, sólo apostó en dos compañías de Idealab de un total de veinte\”, afirmó.

Pese a todos los intentos de los ejecutivos del fondo de capital riesgo por justificar el cambio de denominación, los analistas estadounidenses interpretan que éste sólo trata de distanciarse de los errores de su creadora y poder así captar fondos más fácilmente.

De hecho, la transformación en la denominación no va a ser la única novedad en las relaciones entra el fondo y la incubadora. Un pequeño detalle: Clearston Venture Partners va a cambiar también de oficinas y va a abandonar las dos que ahora ocupa en las instalaciones de Idealab en California. Así desalojará los edificios de Pasadena y Silicon Valley (este último en proceso de cierre) para irse a nuevos edificios.

Planes de futuro

La firma de capital riesgo, pese a haber invertido en empresas que ya no existen, tiene importantes planes de futuro. El actual fondo de inversión, el segundo que lanza, ha realizado inversiones en empresas como el proveedor de sistemas de infraestructuras de pago PayPal o la de software de procesos financieros Aceva Technologies.

Asimismo, recientemente ha anunciado su entrada en PhaseBridge, una compañía de componentes ópticos, y en Neomar, dedicada al desarrollo de software para équipos inalámbricos. Con los 200 millones que aún no se han invertido se buscarán unas 12 empresas y se seguirán apoyando con financiación hasta 2002 los proyectos en los que ya se está presente.

Pero Clearston Venture Partners no pretende acabar aquí. Sus gestores han anunciado que ya han comenzado las gestiones para crear un tercer fondo con 350 millones de dólares. La puesta en marcha de este nuevo proyecto ha sido lo que, según algunos observadores, ha obligado al cambio de denominación.

Una crisis generalizada

Los problemas de identidad que atraviesa el conglomerado de empresas nacidas alrededor de Idealab no son exclusivas de esta compañía. Al mismo tiempo que ha estallado la burbuja financiera de Internet, otras incubadoras de tanto renombre como ésta, han comenzado su descenso a los infiernos y se están viendo obligadas a cerrar empresa tras empresa.

Un claro ejemplo de ello es CMGI, que después de haber gastado cientos de millones de dólares en inversiones, había perdido en doce meses el 96% de su valor en bolsa. En similares circunstancias se encuentra Divine Interventures o Speed Ventures.

En Europa la cosa no está mejor. De 300 incubadoras con negocios online sólo seis cotizan en bolsa. Y lo que es peor, según un estudio de Schroder Salomom Smith Barney, no sobrevivirán más de una docena.

Ante este panorama la estampida del brazo financiero de Idealad no es de extrañar, pero sobre todo no es un caso aislado. Un gran número de incubadoras han dejado de autodenominarse así, para pasar a ser aceleradoras de negocios. El mercado ha impuesto un cambio de perfil y el reciclaje de los modelos de negocio es la única forma que muchas encuentran para seguir obteniendo dinero.


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