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Ignacio Ramonet:

El tiempo presente se ha convertido en uno de los laboratorios de ideas más apasionante y al mismo tiempo en un lugar de preguntas y decisiones. Y si pensamos en algunas de las personas que han hecho suya la tarea de un análisis del presente, de las transformaciones, tensiones y violencias de una complejidad construida en ese laboratorio por los ingenieros de la mundialización, encontramos que uno de los más obstinadamente lúcidos analistas responde al nombre de Ignacio Ramonet.

Leer hoy Le Monde Diplomatique es una de las formas de ubicarse en el planeta. Sus ensayos plantean uno tras otro los grandes interrogantes de la época. Y la fortuna de ciertos conceptos como el de \”Pensamiento Único\”, elaborado por el director de tan prestigioso, describían desde hace años una gran inflación en los procesos de globalización, con avisos para navegantes que indicaban que el lado oscuro de la mundialización había comenzado. Este artículo recoge algunas de las principales reflexiones sobre mundialización, comunicación, Nueva Economía e Internet aportadas por Ramonet en un curso de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), dirigido por Francisco Jarauta.

Mundialización y utopía comunicacional

Según Ramonet, desde el punto de vista de la comunicación, la mundialización crea hoy día la utopía de la sociabilidad total o utopía comunicacional. Internet y el correo electrónico aceleran de tal manera la posibilidad de comunicar, que hacen posible que todas las personas del planeta se hallen potencialmente en comunicación permanente. Desde el punto de vista económico, la mundialización es una dinámica financiera que se apoya en las grandes transformaciones que tienen lugar en el campo de la comunicación. Al observar la historia se ve como toda transformación en el campo de la comunicación tiene mucha relación con la reorganización del espacio geográfico y de la política, y la Red modifica ambos espacios, nos hace entrar en un mundo nuevo.

La mundialización es un fenómeno extremadamente reciente y en primer lugar, hay que entenderlo. Los años pasan rápido, pero ha habido diversas fases durante los últimos diez. Durante los primeros cinco años, se ha tratado de entender un fenómeno del que hoy día se habla mucho, pero que era hasta hace poco una palabra de significado extraño o no bien definido: la mundialización. Se asocia en gran medida a Internet, pero el www data de 1989 y la difusión de Internet es muy reciente incluso entre aquellos que están más inmersos en el mundo académico, investigador, estudiantes o profesionales de los medios, pero: ¿quién utilizaba Internet hace seis años, antes de 1995?

Nuevos mapas, nuevas promesas

Cuando el cambio es importante, una transformación en el ámbito de las comunicaciones, nunca es inocente y tiene consecuencias en la organización política o del territorio. Las transformaciones tecnológicas no son menos importantes y tienen consecuencias en la organización de la economía. Al igual que Holanda, al construir su país surgido de la nada en el SXV crea un país de canales por donde se puede circular, y centra en esos canales sus vías de comunicación, Internet crea una filosofía de circulación de la información al crear esos nuevos canales.

En los mapas del Planeta Tierra se ha visto durante muchos años que era más fácil circular por mar que por tierra; de hecho el mar ha sido en ocasiones la única posibilidad que había de circular o de llegar a determinados sitios. Pues igual ocurre ahora con la información que transporta la Red. Las ciudades que tenían calles navegables o que daban al mar, como Amsterdam o Venecia, durante mucho tiempo han dominado el mundo, pues la navegación permitía transportar riqueza. Ahora Internet de modo similar permite transportar riqueza. La información que circula a través de Internet tiene un gran valor, ya que es la nueva moneda de cambio, la información-mercancía.

La revolución digital

La mundialización aparece tras un importante cambio. La revolución digital crea una infraestructura comunicacional, las llamadas autopistas de la comunicación. Al igual que en su día una nueva tecnología de navegación, la carabela, hizo posible la idea de dar la vuelta al mundo, o la tecnología del vapor se crea el ferrocarril, ¿qué tipo de infraestructura crea la revolución de la comunicación o digital?

La infraestructura que crea son las autopistas de la información o de la comunicación, que son virtuales, pero permiten la circulación de la verdadera riqueza de hoy día que se mueve a través de lo inmaterial, de lo virtual y no de lo real. En la revolución digital lo que más se intercambia son recursos económicos, transacciones financieras que mueven millones en bolsa, que se producen por intercambios de información.

\”Todo lo que circula por Internet -el capital o la información- es lo que verdaderamente interesa al poder financiero\”

La paradoja de la burbuja doble

El proyecto recientemente derrumbado de la Nueva Economía ha creado una doble burbuja: una burbuja de economía irreal o virtual que aumenta, frente a una burbuja que disminuye, que es la burbuja de lo real. Si se hiciera un gráfico para representar la economía de principios del XX con una tarta, un 90-95% de la misma lo hubiera representado la economía real, es decir: trabajadores, fábricas y productos reales. Si hoy se hace ese esquema, la proporción se mantiene pero con la sutil diferencia de que el 90-95% de la tarta lo ocupa la economía inmaterial: lo que más se compra y vende en el mundo son monedas y divisas, frente al 5% que ocupa la economía material, real o de lo tangible.

Hoy día, por una parte está el poder financiero y por otra el poder empresarial. Hace no muchos días el presidente de Alcatel, una de las mayores multinacionales de telecomunicaciones del mundo dijo: \”nuestra situación es un poco complicada. Alcatel, que fabrica teléfonos y componentes electrónicos va a vender las fábricas a sus obreros, y Alcatel pasará a ser un puro grupo financiero\”. Es decir, se llega a la paradoja de tener empresas industriales sin fábricas. Nace una corriente que piensa que los medios de producción deben pertenecer a los trabajadores, que heredan con sus fábricas, sus problemas. Los teléfonos que Alcatel produce no circulan por Internet, por eso no interesan a los propietarios de la firma.

Algunas empresas como Tyco, anunciaban recientemente cierres y despidos tras haber estado comprando empresas por valor de más de 17.000 millones de dólares hasta el pasado mes de junio. El caso de Bayer también avala esta tesis. Y sólo son meros ejemplos de que hoy día lo que verdaderamente importa es todo lo inmaterial, aquello que puede viajar a través de Internet. Todo lo que circula por Internet – todo lo inmaterial, el capital financiero, las divisas, la información- es lo que verdaderamente interesa al poder financiero.

Despidos de comodidad bursátil

Todo lo que es susceptible de ser digitalizado, de poder viajar a la velocidad de la luz a través de las redes, tiene un valor añadido muy superior que lo material, ya que puede entrar en la especulación bursátil. Cada día se pueden encontrar en la prensa despidos masivos, como el de alguna empresa de EEUU que ha llegado a anunciar en un sólo día que 40.000 trabajadores se quedaban en la calle: son los llamados \”despidos de comodidad bursátil\”. Tras anuncios como este, automáticamente el valor de la empresa suele aumentar y subir en Bolsa, lo que hace crecer las acciones y/o remuneraciones de los propietarios de esas empresas. Así de sencillo.

Este fenómeno se produce principalmente por la desconexión existente entre un universo financiero virtual y el universo de la producción real y concreta. La mundialización como concepto, es viejo como el mundo y ya están los paleontólogos para intentar explicar los orígenes de la especie humana. Pero la mundialización como revolución inmaterial, es un fenómeno concreto surgido hace unos diez años, que técnicamente se define como la dinámica financiera que sitúa la lógica de lo económico por encima de las demás.

La arquitectura de las copas de cava

Cuando las familias de la mafia casan a sus hijas, la fiesta se celebra en torno a una arquitectura de copas de cava dispuestas en torre. Se empiezan a llenar por la primera hasta que el cava llega a la última copa. Pues bien, si la mundialización tuviera una arquitectura, sería ésta. Pero con la filosofía de que los ricos incrementan su capital primero, pues sus copas son las más altas de la torre, las que primero se llenan hasta rebosar.

La gran diferencia respecto a las mencionadas fiestas, es que el cava nunca llega a las de abajo, ya que la capacidad de absorción de las primeras copas es infinita. Así, el ideal de mundialización se representa como el castillo de copas de cava, pero se materializa como el milagro inverso al de los panes y los peces, es decir, que la primera copa nunca termina de llenarse. Se echan barriles de cava pero a pesar de eso, nunca, nunca termina de llenarse.

Progreso virtual, progreso real

Desde el punto de vista económico, se sabía que el sistema de mercado iba a funcionar y el mensaje de promesa de la mundialización estaba preparado: \”el enriquecimiento nos alcanzará a todos en un momento u otro. El crecimiento como motor de enriquecimiento acabará por alcanzar al planeta entero y los 6.000.000 millones de habitantes serán ricos cuando la mundialización funcione a pleno rendimiento\”, parecían decir los amos del mundo. Pero en la mundialización real, cada día hay más pobres, más abandonados y más excluidos según las estadísticas de la ONU.

Y no es que no haya habido progresos, pero no se está construyendo una sociedad más justa. Cada día mueren centenares de niños y de personas que tienen que ver con el desequilibrio del mundo. El crecimiento económico de los últimos años sólo ha sido favorable para poco más de un 20% de la población, mientras que para el resto, casi un 80% no ha sido tal. Y como decía Jean Paul Fitoussi: ¿Puede llamarse progreso a un crecimiento que sólo beneficia al 20% de la población?\”


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