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Internet de las Cosas

La usabilidad de las máquinas Algunas veces me pregunto qué pensará una máquina cuando un humano se pone delante de ella: por ejemplo, delante de una máquina de pagar el parking, buscando donde insertar el tiquet, las monedas, etc.; o delante de una lavadora intentando buscar el programa más adecuado. Muchos humanos pensarán: \”¡Ya sé! La solución es normalizar, y que todas sean iguales\”. Otros dirán que, claro, esto pasa porque su \”usabilidad\” es deficiente; y es que no nos gusta que nos manoseen de cualquier manera. Lo cierto es que la mayoría de máquinas vienen con su correspondiente manual de instrucciones, aunque casi nadie los lee: estos \”nadies\” que utilizan siempre el mismo programa de lavado, seguramente nada óptimo, y que encima hacen burla en Internet sobre ellos. Relacionado con este asunto de la usabilidad y los manuales de instrucciones, también se dice que los niños tienen una facilidad especial para manejar los aparatos electrónicos. Sin embargo, parece que lo que hacen es utilizar el método de prueba y error; cosa que no pudimos hacer los que, ya entrados en años, éramos niños. Además, ese método no funciona con todo: es difícil con una lavadora, una cocina, etc.; y podría ser catastrófico con un arma, un coche, una central nuclear… Y es que los manuales existen porque es muy difícil hacer funcionar de manera intuitiva las máquinas y aparatos (cada día con más funciones) para nosotros los humanos, ciertamente limitados. Nos venimos rompiendo la cabeza con esto de la usabilidad, interfaz hombre máquina, etc., pero, más y más, parece una batalla pérdida. Mucho se ha escrito sobre la grán usabilidad del iPhone de Apple, pero a medida que se va incorporando funcionalidades, cada vez es más difícil mantener su usabilidad en un alto grado. El ejemplo más claro es la navaja suiza que todos conocemos, que hace muchas cosas, pero no es fácil de manejar. Será por esto que los de Nokia, que son los que verdaderamente saben de móviles, van sacando modelos adaptados a cada segmento de mercado y funcionalidad específica: música, negocios, jóvenes, etc. ¿No sería mejor que las máquinas se entendieran entre ellas? Al fin y al cabo, y volviendo al primer ejemplo, el pago del parking es un asunto entre máquinas: la máquina del banco debe descontar de la cuenta lo que la máquina del parking le dice; ni siquiera es necesario que nos informen si la máquina del banco le pone un límite adecuado. Para ello sólo hace falta un diálogo sencillo entre las dos máquinas y con un objeto, el tíquet; aunque seguramente habrá que hacer un tíquet mas sofisticado y acompañarlo de una serie de sensores. Lo mismo ocurre con las lavadoras: si conseguimos que la ropa hable, se comunique con ella, seguramente no tendremos que pensar que programa poner. El Internet de las Cosas La dificultad del mundo de las máquinas en cuanto a interactuar con los humanos es conocida. Se necesitan sistemas de entrenamiento, atención, etc. Muchas veces leemos que un determinado accidente ha ocurrido porque el humano no entendió o no atendió las indicaciones de una maquina. Seguramente es muy aburrido estar mirando los cuadros de una sala de supervisión y quizás no tenga sentido seguir por este camino. Así pues, ¿por qué no nos olvidamos de los humanos y hacemos que las máquinas se entiendan y resuelvan los problemas entre sí? ¿Por qué no dejamos que la lavadora se entienda con la ropa y ambas decidan cual es el programa, detergente, etc., que hay que utilizar? Y esto es lo que debe significar el Internet de las Cosas, que promueve la ITU, cuando describe la evolución del mundo de las comunicaciones que se muestra en la Figura 1. Y que parece ser algo más que la comunicación entre máquinas (M2M): la comunicación entre cosas, o T2T. En el ejemplo anterior, la maquina del parking se comunicaría con el tiquet, que sería la cosa, el objeto, etc. El Internet de las Cosas vendría a suponer una revolución tecnológica que representa el futuro de la informática y de las comunicaciones, y su desarrollo dependerá de la dinámica de innovación en diferentes campos, desde las redes de sensores inalámbricos a la nanotecnología. En esta evolución, lo primero que hay que hacer es conectar los objetos y cosas de cada día a Internet. Para ello es necesario un sistema simple y barato para identificar a estos objetos, que tengan identidad; sólo entonces los datos de las cosas pueden recolectarse y procesarse. La tecnología de RFID, o de identificación por radiofrecuencia ofrece esta funcionalidad. Segundo, la recogida de datos podría beneficiarse por la capacidad de detectar cambios en el estado físico de las cosas, utilizando tecnología de sensores. La inteligencia embebida en las cosas mismas puede además mejorar el poder de las redes desarrollando capacidades en los extremos de la red. Finalmente, los avances en la miniaturización y nanotecnologías harán que las cosas y objetos, cada vez más pequeños, tengan la capacidad de conectarse e interactuar, como se muestra en la Figura 2. Una combinación de estos desarrollos será el Internet de las Cosas, que conectará el mundo de los objetos de una manera sensorial e inteligente. Volvamos de nuevo al ejemplo del parking y probemos a aliviar el sufrimiento que a veces se ceba en los humanos. Ahora ya se están instalando sensores que indican las posiciones libres, pero todavía se podría hacer más, como sería asignar la plaza en cuanto uno entra, sin necesidad de ir continuamente al piso mas profundo con tal de no buscar. Y todavía más si al tíquet se le asigna identidad RFID, con lo que quedará acoplado a la matrícula del vehículo, y éste podría ser dirigido a su lugar. Decían algunos visionarios en los años 80 que iba a llegar un día en que llevaríamos una especie de reloj comunicador, de manera que si alguien te llamaba y no contestabas, es que habías muerto…Con el Internet de las Cosas, ya nadie nos llamará, al menos para recordarnos que debemos llevar el coche a la ITV. Artículo original publicado en Fundación Telefónica


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