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Internet desregula el mercado de las ideas

“No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”; esta frase, con la que frecuentemente se resume el pensamiento del filósofo francés Voltaire (1694-1778), bien puede ejemplificar la enorme utilidad de Internet a la hora de defender la pluralidad de opiniones y la tolerancia. En otras palabras, Internet, a través de la diversidad y riqueza de su contenido, puede ayudar a vertebrar la sociedad.

Más que ningún otro medio, la Red, debido a que libera a los autores del contenido de la restricción del espacio, da cabida a un sinfín de actitudes y corrientes políticas y artísticas. James Taranto, un columnista de las páginas de opinión del periódico estadounidense The Wall Street Journal, describe este fenómeno propiciado por la expansión de Internet como “una masiva desregulación del mercado de las ideas”.

Casi tan fácil como hablar y escribir…

En muchos sentidos se trata del mejor de los mundos, tanto para creadores (escritores, periodistas, artistas gráficos, etcétera) como para los lectores (consumidores). Las barreras de entrada son bajísimas. Consisten únicamente en el coste de crear y mantener un sitio web. Hay muchos ejemplos en los que profesionales y aficionados del periodismo han creado sitios que suponen un complemento muy bueno a las publicaciones tradicionales. Un ejemplo de ello son las páginas españolas nodo50, que se autodefine como un sitio dedicado a proveer “contrainformación en la Red y ser un territorio virtual para los movimientos sociales y la acción política”.

Otro ejemplo son los yo-websites o “me-zines”, generalmente publicados por un solo periodista, que sobre todo han proliferado en la Red estadounidense. Quizás el sitio que mejor refleja esta característica de complemento es Smartertimes.com. El objetivo de este nodo es la identificación diaria de errores conceptuales, de sesgo ideológico y gramaticales en el periódico estadounidense New York Times. Las críticas de Smartertimes sirven tanto para expandir el horizonte intelectual de los lectores del New York Times, como para el uso interno, con el objeto de perfeccionar el periódico, de los propios editores del diario.

pero ¿quién escucha y lee?

La Red se enriquece diariamente con la creación de nuevos sitios web que incrementan la diversidad de los contenidos de la Red. Sin embargo, se ha demostrado que una de las principales características en el habito del internauta es la tendencia a la concentración en la utilización de los sitios. Es más, en EEUU cuatro nodos acaparan más del 50% del tráfico. En España y Latinoamérica el grado de concentración, si bien no es tan alto como en EEUU, también es muy elevado.

Varios críticos han manifestado que la pluralidad de opiniones en la Red no es más que una inocente ilusión. Señalan que en última instancia la popularidad de un nodo es una función de los recursos económicos que se le dedican. Argumentan, que obtener un alto número de visitas en un sitio web es carísimo. Tan caro como crear una marca. Estos costes sólo pueden ser afrontados por empresas financiadas por grandes fondos de capital riesgo (Yahoo!, Amazon). Otra manera de hacerse con “mindshare” (o una parte de la memoria del consumidor) es trasladar marcas conocidas en el mundo real al virtual como hacen los grandes grupos de comunicación (AOL-Time Warner, Disney, Viacom, Televisa, Prisa etcétera). Evidentemente, los datos obtenidos sobre el comportamiento de los consumidores respaldan la tesis de que a pesar de la gran diversidad de contenidos que existen, sólo unos pocos, los más promocionados, son utilizados por los internautas.

… sólo el que se toma el tiempo de informarse

Sin embargo, la figura del consumidor/internauta no debe ausentarse en este análisis. Debe de ser el gran protagonista. El internauta no esta exento de responsabilidad en la elección de los contenidos que consume. Tiene el derecho (¿obligación?) de informarse sobre los diversos contenidos que sabe que sólo están a un clic de distancia.


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