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Internet: el paraíso del periodismo

Se dice que la Red va a acabar con el periodismo. Y si uno revisa las ofertas de trabajo, así lo parece: las empresas del sector puntocom solicitan histéricamente técnicos, informáticos, ejecutivos de márketing, financieros… Pocas veces piden periodistas. Y sin embargo… la realidad es que la época dorada del periodismo está empezando. Internet no es más que un gigantesco e igualitario medio de comunicación de alcance mundial. Y, como tal, el mejor lugar que ha existido jamás para practicar el periodismo.

Pero no el periodismo tal y como se ha hecho hasta ahora. Los cambios que la Red va a forzar sobre el periodismo son múltiples y profundos, en especial sobre su economía; habrá medios y grupos empresariales que sabrán capear el temporal, y los habrá que no. Desaparecerán imperios y empresas periodísticas. A cambio, el periodismo como actividad será cada vez más fuerte.

El problema del periodismo clásico es que nació con una misión, y el mundo ha cambiado. Los periódicos nacieron para llevar información a donde no la había. Transportan un producto (noticias) a lugares donde ése producto es escaso; a cambio los receptores pagan. Simple, y rentable. La rentabilidad generó competencia; la competencia metió a los medios en una guerra por llegar los primeros, por la rapidez. Escasez, rapidez, competencia: los medios en tres palabras. Hasta ahora.

La aparición de Internet deshace estos tres supuestos. La Red elimina la escasez de información, que se transforma en inundación; replantea la rapidez de transporte de noticias, al permitir tanto la rápida como la lenta; y multiplica la competencia al infinito. Lo difícil no es escribir en Internet. Lo complicado es ganar dinero escribiendo en Internet.

Escasez, rapidez, competencia

Internet elimina la escasez de información. Sólo la parte más fácilmente accesible suma más de 7,5 terabytes de texto, y la web \’profunda\’ se calcula en más de 7.500 terabytes de información. En comparación, la Biblioteca del Congreso de los EE UU, la mayor del mundo con 30 millones de libros, son 20 terabytes de información. Hay más de 5 millones de sitios web, con 1.000 millones de páginas; y eso sin contar el correo electrónico (5 millones al minuto), las tertulias, los grupos de noticias (hasta cuatro veces mayores que la web), 250 millones de imágenes…

Cuando uno pretende ejercer el periodismo en Internet está intentando competir con esto añadiendo su gota infinitesimal al océano. El enfoque del periodismo como \’llevar información donde no la hay\’ ya no sirve. Hay que dar otra cosa; afrontar el periodismo en un entorno de abundancia. Las clásicas tareas de selección (qué es noticia) y jerarquía (qué noticia es más importante, y cuál menos) serán la clave del trabajo periodístico en el mundo digital.

Respecto a la rapidez, en los medios de comunicación hay un continuo desde los instantáneos (radio, TV, agencias) a los diarios, los semanarios, los quincenales, los mensuales… Todos ellos se colocan en una escala donde su tecnología fija su velocidad de trabajo, y ésta a su vez determina la profundidad de análisis que le dedican a la información. A mayor velocidad, menor análisis, y viceversa. La regla de oro de la velocidad. El triunfo máximo es la exclusiva: contar algo antes que nadie.

Comúnmente se cree que la ventaja de Internet es la velocidad de transmisión. Pero Internet no es más rápido que agencias, radios o televisiones; en el mejor de los casos, es tan rápido como ellas. Por eso su desarrollo, que depende de que ofrezca una ventaja diferencial, no puede basarse en la rapidez.

La ventaja de la Red es que permite apilar los niveles de análisis en un solo medio. Las noticias en la Red son tan rápidas como en agencias y televisiones; pero pueden tener la profundidad de diarios, semanarios, quincenales y mensuales… e incluso enciclopedias. Internet es el primer medio que independiza la rapidez de la profundidad. La importancia de la exclusiva se diluye en un océano de información; lo verdaderamente importante es explicar, contextualizar, ampliar, enlazar…

Y respecto a la competencia, Internet no tiene más frontera que el idioma. Así, todo periódico o revista en castellano compite con cualquier otro medio que use ese idioma, independientemente de su origen. En un mercado clásicamente dividido por regiones la Red trastoca el orden. Uno ya no compite sólo con su vecino de enfrente, también con la CNN, Clarín, Excelsior, Reforma, El País, El Nuevo Herald… cualquier medio de comunicación con presencia web. O sea, todos.

Además están las empresas de la Red, que están convirtiéndose en grupos mediáticos. Han caído en la cuenta de que el \’contenido\’ es lo único que atrae a los usuarios. Entre mil millones de páginas nadie te verá si nada tienes que enseñar a los navegantes. Y le pasa a todos, sea cual sea su negocio principal. La misión de un banco es ofrecer buenos créditos, pero para atraer usuarios en la Red necesita ofrecerles información. Cada grupo financiero, cada empresa de comercio electrónico, cada nuevo servicio que aparezca en la Red tratará de atraer visitantes, y lo hará con información. Compitiendo con la prensa. En la Red, todos somos medios.

Incluyendo las fuentes y los lectores de los medios clásicos. La mayoría de los nodos de la Red son no comerciales. La facilidad (y bajo precio) de la publicación en Internet ha permitido a millones de personas publicar lo que han querido. Todo lo que ha pasado alguna vez por la cabeza de un ser humano está en alguna parte de la Red.

Las fuentes ya no necesitan a los medios. Son los amos; ellos tienen la información. Y ahora tienen el medio. Igual ocurre con los lectores. La falta de precisión y de rigor de las noticias publicadas provoca una imparable erosión de la credibilidad que ha afectado ya a la industria.

Ya está sucediendo. Sistemas de publicación como Slashdot (y su \’hermano\’ en castellano, BarraPunto), donde los propios lectores escriben (y seleccionan, jerarquizan y contextualizan), acabarán erosionando a los medios, sobre todo a los especializados.

Vemos así que los tres factores clave (superabundancia de información; velocidad igual para todos; competencia infinita) parecen estar en contra de la profesión periodística, definida como vivir de escribir noticias.

Pero estos mismos factores destacan otros valores del periodista. Funciones periodísticas han sido desde siempre localizar material noticioso, evaluar la credibilidad de fuentes, dar sentido y contexto a la información, jerarquizar su importancia, presentarla de forma inteligible y amena. Quienes tal vez corran peligro sean algunas empresas periodísticas; la profesión está en el umbral de una época dorada.

Pero sólo si somos capaces de cambiar nuestros esquemas; de inventar una nueva forma de hacer lo mismo que siempre. Es el periodismo como filtro, como ampliación y selección, como opinión informada y clara, como barrera contra la inundación de información. Un periodismo de Fuente Abierta por contraposición al periodismo de la escasez, la rapidez y la limitada competencia basado en las fuentes propias: el viejo periodismo de ‘información privilegiada’, que pronto será minoritario.