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Italia encabeza la lucha por estrechar la brecha digital

El gobierno italiano es consciente de que los ordenadores no se pueden comer. Y los habitantes de los países subdesarrollados no dudan a la hora de elegir entre un trozo de pan y un Pentium III. Lo primero les llena el estómago; lo segundo no deja de ser un objeto decorativo de utilidad incierta.

No obstante, en Italia le dan a vueltas a la cabeza para encontrar una fórmula eficaz para estrechar la brecha digital que divide a día de hoy a los países desarrollados de los subdesarrollados. A su juicio, el desarrollo de Internet y otro tipo de información tecnología contribuirá a sacar poco a poco de la pobreza a los países menos pudientes. No la erradicará, pero al menos si la aliviará.

Esta es la principal idea que sostiene Lucio Stanca, antiguo directivo de IBM y actual ministro de tecnología italiano. El político encabeza la lucha iniciada por el G-8 (los ocho países más industrializados del mundo) para implantar las nuevas tecnologías en el Tercer Mundo.

El primer proyecto consistirá en crear antes de finales de año una base de datos electrónica en Mozambique. “Evidentemente tenemos que resolver el problema de la hambruna mundial, las enfermedades o la educación”, reconoce Stanca, “pero si queremos pasar de una fase de asistencia a otra de creación de desarrollo en esos países, debemos ayudar a crear buenos gobiernos”, añade.

Según la tesis de Stanca, conseguir que las administraciones públicas de los países menos desarrollados ganen en trasparencia y responsabilidad, contribuirá a que se conviertan en destinos más atractivos para recibir otro tipo de ayudas más convencionales, como inversiones o créditos.

Aunque en principio pueda sorprender, Silvio Berlusconi apoya esta misma iniciativa, al igual que los mandatarios de los ocho países más desarrollados del mundo: Estados Unidos, Canadá, Japón Francia, Alemania, Reino Unido, Italia y Rusia.

Los últimos datos proporcionados por la ONU son devastadores 83 países de África, Asia y de la antigua Unión Soviética cuentan con menos de diez líneas telefónicas por cada 100 habitantes.

El proyecto para implantar las nuevas tecnologías en el Tercer Mundo cuenta con una inversión inicial de 12 millones de dólares.


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