Kindle: crónica de un éxito que no llega

Hace tiempo que en el mercado pueden encontrarse varios soportes para la lectura de libros electrónicos. El último intento serio por impulsar este artilugio ha sido el Kindle de Amazon: fue presentado el pasado mes de noviembre, y según la tienda online, las primeras unidades se agotaron en cuestión de horas.

Sin embargo, transcurridos unos meses desde entonces, no parece que su adopción sea muy grande entre los usuarios. Y ello a pesar del respaldo de una marca como Amazon, que hacía a algunos aventurar que el Kindle podría suponer a los libros electrónicos lo que el iPod representó para la música digital.

Desde luego, para los lectores habituales de libros, un aparato de estas características (al margen de su más que discutible estética) presenta indudables ventajas: es ligero (300 gramos), transportable, la pantalla ofrece una calidad de lectura similar al papel y es capaz de almacenar hasta 200 libros en su memoria. Además, cada día descarga los contenidos de 19 periódicos y casi 350 blogs, con el coste de la conexión financiado por Amazon. Y sin embargo, no se ha convertido en el gadget popular en que Amazon confiaba.

En lo que va de año, Amazon ha vendido 40.000 unidades del Kindle. Mucho tendrían que cambiar las cosas para que se cumplieran sus optimistas previsiones de vender entre 700.000 y 800.000 durante este año, y llegar a facturar hasta 2.500 millones de dólares en 2012.

Los analistas coinciden en señalar que la razón principal que impide su despegue es el precio. Aunque se ha rebajado de los 399 dólares iniciales a 359, todavía es demasiado elevado para facilitar su

Los más optimistas ven al Kindle (junto con los otros modelos de lector de e-books) como pionero de una naciente industria, equivalente a lo que supusieron los primeros portátiles hace casi 20 años. La industria editorial necesita modelos ecológicos y sostenibles, y asistimos a los primeros ejemplos de lo que podría ser la forma de leer un libro dentro de una década.

En este camino es imprescindible la colaboración de las editoriales, y algunas de las más importantes ya han empezado con la labor de digitalizar sus catálogos. Por ejemplo, Simon & Schuster digitalizará 5.000 títulos este año, y Penguin lo hará con su fondo editorial de 16.000 títulos; cuando el Kindle apareció en noviembre, esta editorial apenas disponía de 1.000 obras en versión electrónica.

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