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La AI contra Jazztel y el despotismo empresarial

No es bueno tener a un cliente cabreado. Y mucho menos, a varios miles. Ese es el dudoso logro que en los últimos meses ha conseguido Jazztel: sumar más clientes enfadados que satisfechos. La Asociación de Internautas se ha convertido en portavoz de las quejas de miles de usuarios víctimas de los capotazos de la compañía presidida por Leopoldo Fernández Pujals. Hartos de ser mareados como una peonza, la AI ha presentado en su nombre una demanda colectiva (en pdf) ante la Secretaría de Estado de las Telecomunicaciones, por una serie de motivos que se resumen en “disconformidad con la factura recibida, negativa de alta o de baja por su operador, negativa a la portabilidad de número, preselección no solicitada, cambio de operador no solicitado, y de forma más acusada, el incumplimiento de ofertas por el operador.”
Como explica Enrique Dans, los tiempos en que el cliente se daba impotente de cabezazos contra las blindadas murallas de las corporaciones están quedando atrás. Las empresas ya no pueden (o no deben) hacer oídos sordos a las quejas de los clientes, porque hemos pasado de entornos bajo su control absoluto, en los que sólo algunos sucesos extremadamente graves llegaban a la categoría de escándalo público, a otro en el que cualquiera tiene a su alcance las herramientas necesarias para hacer oír su queja, con mayor o menor repercusión. “Ahora ya no tiene usted dóciles consumidores, sino una panda de prosumers con megáfono. Procure llevarse bien con ellos”, concluye Dans. Es hora de que los tiempos cambien. Más


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