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La buena voluntad de la Administración

Nos anuncian ahora nuestros gobernantes un novedoso sistema destinado a hacer más racionales y económicos los procesos de gestión de los asuntos públicos. La verdad es que parece que ponen buena voluntad, pero otra cosa será el resultado que se obtenga, porque las administraciones públicas nunca se han caracterizado precisamente por situarse en la vanguardia tecnológica.

En efecto, la lenta rueda burocrática viene de largos siglos rodando sobre su propio eje, y nunca es fácil meterle reformas estructurales. Parece que la principal aplicación de SARA, que así se llama la cosa, radicará en la tramitación del nuevo DNI electrónico, que echará a rodar el próximo mes.

Sin embargo, dudamos de que todo esto pueda acabar –al menos en lo que se refiere a la llevanza diaria de los temas- con las montañas de papel que suele albergar toda oficina pública, con especial mención para algunos de sus sectores, como la justicia. La idea central es que podamos realizar, si no todos, sí buena parte de los trámites administrativos a través de Internet.

Esto nos parece fundamental, y lo que debería intentarse es que todo se haga de forma online. De ese modo sí que los ciudadanos ahorraríamos tiempo y dinero.

Por ejemplo: cualquiera que se haya visto obligado a efectuar gestiones en Tráfico sabrá que hay que prepararse para perder como mínimo toda una mañana en la delegación de la madrileña calle Arturo Soria, ya que es la única existente al respecto. Más.


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