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La creatividad en la empresa

El interés por la creatividad creció sensiblemente en la segunda mitad del siglo XX, con Joy Paul Guilford —que ya entonces relacionó la creatividad con el pensamiento divergente— como impulsor del interés; pero, sin detenernos en la historia, avancemos en el concepto. Al intentar definir la creatividad como capacidad de generar novedad valiosa, nos alineamos con una concepción sistémica: no basta con que nuestro hallazgo o nuestra idea nos parezca valiosa a nosotros mismos, sino que ha de ser bien recibida por los demás. Se habla de creatividad cuando nuestra aportación al campo correspondiente sea reconocida e incorporada por el sistema (la organización y su entorno). El hecho es que, vinculado en la empresa el concepto de creatividad con el de innovación, no cabe detenerse en considerar que una idea es creativa si no se implanta y funciona.

También conviene recordar que hay individuos creativos por naturaleza, como los hay pragmáticos, resolutivos, conciliadores, calculadores… Un estudio de Mihaly Csikszentmihalyi viene a concluir que los creativos son individuos de personalidad compleja, presentando opuestos rasgos de personalidad en diferentes momentos. Este prestigioso psicólogo habla de los creativos como individuos a la vez, y según el caso, agudos e ingenuos, extravertidos e introvertidos, humildes y orgullosos, agresivos y protectores, realistas y fantasiosos, rebeldes y conservadores, enérgicos y pausados, integrados y diferenciados… Son personas que en sus reflexiones cotidianas no sólo se preguntan el qué y el cómo: también se preguntan por qué, incluso varias veces.

¿Es usted creativo?

Aunque el estudio se desarrolló sobre personas socialmente reconocidas como creadoras, cabe admitir, por la experiencia, que los trabajadores de perfil creativo se caracterizan igualmente por la complejidad, y constituyen generalmente una cierta pesadilla para sus jefes. Naturalmente, es más sencillo dirigir personas sumisas, previsibles y disciplinadas; pero los nuevos directivos asumen el reto de gestionar a cada colaborador conforme a sus características y a su momento. Hablando ya con lenguaje empresarial, Mitchell Ditkoff apunta rasgos de comportamiento de los más creativos:

  • Suelen cuestionar el status quo.
  • Investigan nuevas posibilidades.
  • Se automotivan.
  • Se preocupan por el futuro.
  • Ven posibilidades en lo imposible.
  • Asumen riesgos.
  • Tienden al movimiento y la interacción.
  • No temen parecer tontos o infantiles.
  • Ven conexiones ocultas.
  • Se concentran en retos y problemas.
  • Se muestran perspicaces.
  • Resisten la ambigüedad y la paradoja.
  • Aprenden continuamente.
  • Concilian la intuición y el análisis.
  • Se comunican de forma efectiva.
  • No se desalientan fácilmente.
  • Su individualismo no les impide trabajar en equipo, si se les deja espacio.

El empleado creativo puede ser al principio observado bajo lupa, pero antes o después se reconoce su talento

Nos parece, por otra parte, que, en la empresa, la creatividad pasa más por personas especialistas que por personas generalistas. De aquéllas y de éstas necesita la empresa, pero, crear en un campo determinado, exige dedicarle mucha atención y concentración. Hay algunos directivos que piensan que la creatividad es cosa suya y no de sus colaboradores; que no consideran buena ninguna idea que no se les haya ocurrido a ellos. Pero, lógicamente, también hay directivos que alientan, y no sofocan, la creatividad de sus colaboradores, y son bien conscientes del papel que, como directivos, les corresponde en la innovación (sin descartar la propia generación de buenas ideas):

  • Creación de climas propicios.
  • Informar y desarrollar a los colaboradores.
  • Difusión de la creatividad como valor.
  • Receptividad a las sugerencias.
  • Identificación de focos de innovación.
  • Análisis y definición de problemas.
  • Atención a la deseada alineación y sinergia.
  • Evaluación de las propuestas innovadoras.
  • Puesta en práctica de las ideas valiosas.
  • Reconocimiento de los esfuerzos creativos.
  • Consolidación de la experiencia innovadora.

Conclusión

Los beneficios de la innovación (podría quizá hablarse más propiamente de los perjuicios de la complacencia y el inmovilismo) se manifiestan cuando se apuesta por ella con autenticidad, desde un proyecto de empresa compartido por todas sus personas. A partir de esa disponible reserva de energía emocional y motivación intrínseca, pueden surgir ideas que añadan sensible valor a la empresa. Surgirán, si la Dirección establece y mantiene los cauces convenientes, y desarrolla el potencial intelectual de la organización, tanto en la capacidad creadora como en el resto de dimensiones competenciales.

Guardábamos una frase leída en The Daily Telegraph, para los lectores que nos hayan acompañado hasta aquí: “Creatividad significa cuestionar lo establecido, y buscar nuevas y mejores formas de hacer las cosas, en beneficio de la organización”. Nos sirve para recordar a esos empleados que se plantean repetidamente el porqué de las cosas dentro de las empresas: primero son identificados como críticos y quizá “puestos en observación”, pero, antes o después, se reconoce su vena creativa.

José Enebral Fernández es Consultor de Recursos Humanos


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