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La culpa siempre es de la Red

Internet se ha convertido en el empedrado al que van a parar todo tipo de culpas. ¿Por qué? Pues en buena medida, por incultura. Mucha gente desconoce todavía el potencial de la Red, y lo que es más grave, ignora que el futuro será online o no será. Para todos los sectores, todas nuestras actividades cotidianas, todas nuestras transacciones. Bien, pues ahora les ha tocado el turno a nuestros cineastas, que han cargado contra Internet. Ya saben, la vieja historia de la piratería…

Si fueran más inteligentes advertirían el inmenso potencial del medio al que tanto vituperan. Hablamos de una herramienta publicitaria de primera magnitud, rápida, de uso cada vez más creciente y extendido. Lo único que habría que echar de menos sería a los intermediarios, pero ni falta que nos hacen, ¿no creen?

La calidad del cine español, en general, desgraciadamente deja bastante que desear. Esto ha sucedido siempre; sin embargo, en los últimos tiempos se advierten signos de un empeoramiento aún mayor. Lo que ocurre cuando a uno le regalan las lentejas es que se aburguesa, se acomoda, porque los euros de todos nosotros sirven para financiar a estos autores, y entonces ¡Ancha es Castilla!

Pero tenemos ya algunos ejemplos de por dónde tira el mercado. Internet ya está siendo el caballeroso anfitrión que acoge en sus cálidos brazos estrenos de películas, pasándose por el arco del triunfo a las distribuidoras, cuya dictadura sobre las salas de cine es ciertamente tétrica: Te doy Memorias de una geisha, un suponer, a cambio de que también pongas Superdespelote en Bora Bora. Lamentable. Más.


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