La desidia de la sociedad opulenta

¿Por qué no tomamos verdadera conciencia de nuestros derechos como consumidores? ¿Sabemos hasta qué punto tenemos fuerza para hacer que se nos escuche? Lo cierto es que cada año nos soplan en torno a seiscientos euros a cambio de humo; de servicios que no nos llegan o que lo hacen de forma muy deficiente.

Sin embargo, nuestra opulenta y satisfecha sociedad no se da por aludida y seguimos permitiendo que las empresas hagan de su capa un sayo. Consumidor útil es uno de los conceptos que habitualmente se emplean en el marketing, y examinándolo bien ya nos indica con bastante claridad por dónde van los tiros, la verdad.

No estamos propugnando aquí que nos echemos a las barricadas mañana mismo; no. Simplemente decimos que nuestro poder como clientes podría llegar a ser omnímodo.

En los raros casos en los que los ciudadanos han decidido boicotear a determinadas compañías (no en España, donde sinceramente no recordamos ningún caso, al menos relevante), el “daño” que se les ha hecho ha sido notable. Entrecomillamos lo de daño porque en realidad sería más adecuado decir justicia.

A nosotros nos gusta el libre mercado, el capitalismo; se ha revelado como una forma de gestión económica mucho más eficaz que el comunismo, aunque tenga naturalmente sus lagunas. Lo que no nos agrada tanto es el cambalache permanente en la fijación de tarifas, por ejemplo.

Que las gasolineras concierten los precios, como las eléctricas y tantos otros sectores, porque nos encontramos entonces con una situación casi idéntica a la de los monopolios.

En fin, amigos y amigas: con el artículo que venimos glosando tan sólo pretendemos hacer llegar a todo el que quiera escucharnos que no debemos dejar que nos tomen el pelo, porque la fuerza nos acompaña. Más


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