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La economía de la distracción

Es probable que, como aseguran muchos gurús, vivamos en una economía donde el tiempo -en la encarnizada lucha periodística por conseguir aunque sea unos minutos del precioso tiempo de los ciudadanos, en la competencia para vender más ropa, etc- sea el bien más escaso.

Sin embargo, desde el tabaco (si es que todavía queda alguna oficina donde se permita fumar) hasta la máquina del café, pasando por el Yahoo Messenger y el correo, o el <b<móvil, lo cierto es que más de la mitad del tiempo que pasamos delante de nuestro PC se nos va en múltiples y variadas distracciones.

Ni siquiera es preciso levantarse de la silla. Es la paradoja tecnológica: más armas y herramientas para crecer a nuestro alcance, pero también para que nuestro quehacer diario se vea interrumpido más veces de lo que sería deseable.

Cuanto mayor es el esfuerzo intelectual que requiere la tarea que estemos realizando, más distracciones tendremos. Algunos científicos trabajan ya en métodos que permitan incorporar software capaz de simplificar la mayoría de las gestiones que realizamos con nuestro PC. Incluso se habla de desarrollar un sistema de correo inteligente que sepa cuándo debe interrumpir al usuario, anunciándole que tiene un nuevo mensaje.

Pero no hace falta hablar de tantas cosas como dispersan nuestra atención: basta con ceñirse a Internet. En tanto en cuanto tengamos a nuestro alcance decenas de miles de páginas en las que poder consultar las evoluciones de nuestro equipo favorito, ver cómo evolucionan nuestras acciones en el mercado o planear el viajecito que nos vamos a marcar en Semana Santa, poco se podrá hacer para arreglar el problema. Está en la condición humana.


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