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La endogamia tecnológica de Japón

Si alguna vez viaja a Japón, probablemente flipará con la cacharrería tecnológica que gastan los nipones. Pero si de vuelta a su país quiere hacerse con alguno de los modelos de móvil que ha visto utilizar allí, seguramente no conseguirá encontrarlo. ¿Por qué sucede esto?

Japón (con el permiso de Corea del Sur) es sin duda el país más vanguardista en materia tecnológica. Las conexiones de mega banda ancha permiten disfrutar de una serie de servicios que en otros países todavía suenan a ciencia ficción. Y el teléfono móvil de un usuario medio no tiene nada que envidiar a los de gama alta de cualquier otro país.

Sin embargo, los sofisticados teléfonos que compañías como Panasonic, NEC, Toshiba, Fujitsu o Sharp venden en Japón no se encuentran fuera de sus fronteras. Esas compañías son líderes en innovación, pero son incapaces de hacer negocio internacional con sus productos. Sólo Sony Ericsson (en realidad una joint venture con una empresa sueca) es la excepción.

Un artículo de The New York Times nos explica los motivos por lo que esto sucede. Los japonenses tienen incluso un nombre para definir este problema: el síndrome Galápagos. Hace referencia a los descubrimientos de Darwin en dichas islas, donde encontró especies endémicas muy evolucionadas con respecto a sus parientes en el continente.

El origen del problema se remonta a la década de 1990, cuando la industria definió unos estándares para las redes móviles de segunda generación que fueron rechazados en el resto del mundo. Esto creó un mercado de aplicaciones cerradas, con gran desarrollo del comercio electrónico y la industria de los contenidos dentro del país, pero que lo aisló internacionalmente. Algo parecido sucedió en 2001, cuando se adoptó el estándar 3G: el resto del mundo aún no estaba preparado para tan rápidos avances.

Además, durante finales de los 90 y principios de esta década, la gran demanda interna desmotivó a las empresas japonesas para expandirse internacionalmente, ya que destinaban toda su producción al mercado interno. La recesión económica actual ha provocado que la competencia se dispare al máximo, con ocho empresas disputándose un mercado que se estima este año en ventas de 30 millones de teléfonos.

Otro tema tiene que ver con el hardware: los móviles japoneses están diseñados para mil usos. Por ejemplo, el Sharp 912SH incluye una pantalla LCD que gira 90 grados, GPS, lector de códigos de barras, TV digital, funciones de tarjeta de crédito, videoconferencia y activación por reconocimiento facial.

Esto es así porque los japoneses están acostumbrados a utilizar el móvil como herramienta de acceso a Internet, mucho más habitual que el PC. Pero para el usuario occidental, tanta abundancia de funcionalidades quizá sea abrumadora o innecesaria.


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