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La factura del UMTS asfixia a las operadoras

Las cifras millonarias que las compañías europeas de telecomunicaciones han pagado por las licencias de UMTS están ya pasando factura. Y es que no se puede negar que el móvil de tercera generación ha sido una sangría para las arcas de las operadoras. Estas han comenzado a sufrir la enorme presión de la deuda y sus intereses así como la falta de liquidez.

Las bolsas y los inversores han castigado duramente a estas empresas en los últimos meses y las compañías de calificación han rebajado sus previsiones sobre las mismas, (salvo Telefónica), con lo que tienen peores condiciones para acceder a la financiación. Pero, aparte del coste de la deuda que ya se están empezando a pagar aunque valgan menos, lo peor de todo es que los analistas no se ponen de acuerdo sobre cuándo se recuperarán estas inversiones.

Según un estudio de Moody´s Investors Service, las operadoras europeas tendrán que gastar algo más de 250.000 millones de dólares (la mitad para la adquisición de las licencias y la otra mitad para las infraestructuras) para poner en marcha el negocio.

Sin embargo, esta cantidad se incrementará notablemente. Al tendido de las redes habrá que añadir los ingentes gastos de las campañas de marketing para el lanzamiento de estos servicios. Este coste que será especialmente alto en el caso de las compañías que aún no tienen presencia en los mercados en los que van a comenzar a operar, con lo que carecen de red de clientes.

Con todo ello, la deuda seguirá incrementándose junto con los intereses, mientras que no está claro cuándo este negocio comenzará a tener retorno. El Dresdner Kleinwort Boston estima que hasta el año 2007 la tecnología UMTS no generará cash flow positivo. A ello hay que añadir que el largo período de adaptación de equipos y terminales no hará posible que la industria sea masiva en los teléfonos móviles hasta 2010.

El mismo informe añade que, desde entonces, se necesitarán al menos otros siete años más para recuperar las inversiones. Comparado con el GSM, que se rentabilizó en tres o cuatro años, el UMTS, aún en el caso de que finalmente sea un éxito, no deja mucha capacidad de acción a las operadoras.

¿Plan de negocio?

Otro de los problemas a los que se enfrentan estas compañías es que han hecho enormes apuestas sin conocer aún al 100% dónde está el plan de negocio y el beneficio que el UMTS les va a reportar. Algunos expertos abogan porque el grueso de los ingresos vendrán por la voz (aunque es una postura difícil de defender hoy en día), mientras que otros tienen claro que el futuro está en los contenidos personalizados.

A esta incertidumbre hay que añadir los informes de algunos analistas que no tienen la certeza total de que el UMTS se vaya a convertir en la tecnología ganadora. En competición con ella están algunas más sencillas y baratas como el GPRS o el mismo i-mode. NTT DoCoMo, compañía japonesa propietaria de este último standard, va a comenzar a operar en Europa con KPN y la honkonesa Hutchinton Wampoa junto a las que se ha presentado a varias subastas.

Este panorama, junto con la presión de la deuda, está haciendo que las últimas subastas de telefonía UMTS sean muy distintas a la británica y la alemana, en las que se recaudaron 36.000 y 46.000 millones de dólares respectivamente. Así, en la reciente subasta italiana, el estado ha logrado la mitad de lo que esperaba al retirarse el consorcio BLU, participado por BT, que aguanta una importante deuda. En Suiza la retirara de cuatro de los aspirantes (Cablecom, Deutsche Telekom, Telenor y Hutchison Whampoa) ha obligado al gobierno a suspender la licitación.

Las operadoras, una a una

Pero para conocer la situación real de cada una de las grandes operadoras europeas hay que analizarlas una a una. Ni todas tienen la misma capacidad financiera, ni todos los mercados europeos en los que han conseguido adjudicarse licencias son iguales. Y es que no en todos los países del viejo continente tienen idéntica penetración, número de habitantes y posibilidades de saturación.

Además, para comprender la influencia que la deuda puede tener en la cuenta de resultado de las compañías europeas, se deben tomar en cuenta ratios como el precio por acción/beneficio (PER), el valor de la compañía entre el Ebitda, el valor de la operadora entre los ingresos esperados y los ingresos medios estimados por usuario.

British Telecom (BT) parece ser la que está atravesando peores momentos. La deuda del ex monopolio británico ha subido espectacularmente en los últimos tiempos mientras que su peso en bolas y los resultados han tenido la tendencia opuesta. Los 1.500 millones dólares de pasivo que tenía a finales de 1998 han pasado a los 30.000 millones de la actualidad. Este fue el motivo que le llevó a retirarse, en el último momento, de la subasta italiana de telefonía de tercera generación. La presión de la deuda está llegando a tanto que algunos de sus más altos ejecutivos, empezado por su presidente, están siendo fuertemente cuestionados en el consejo de administración.

Además, BT ha hecho una de sus apuestas más importantes en Gran Bretaña, un país que con cinco licencias de UMTS y 59 millones de habitantes, tiene ya el ratio de penetración de telefonía móvil más elevado, el 55%, por lo que las posibilidades de saturación son más altas

Esta situación, a la que se ha unido la caída de los resultados de la compañía en los últimos tiempos (el 31% en el último ejercicio) ha forzado a que se haya puesto en marcha un plan de reestructuración con el que financiarse y convencer a los inversores de que vuelvan a confiar en el valor. Así la red de telefonía fija se va a segregar de la matriz y el 25% de la nueva empresa, NetCo, va a salir a bolsa. Asimismo, en el primer semestre de 2001 se hará una OPV con el 25% de Yell, las páginas amarillas del gigante británico. La misma suerte correrá el 25% de BT Wireless, la división internacional de móviles y servicios de tercera generación y en el año 2002 se hará lo mismo con la división de transmisión de banda ancha.

Dentro de esta maniobra para captar financiación se cuenta también con la venta a Vodafone de su 17,81% en Airtel, aunque aún no ha trascendido el precio por el que se materializaría la operación.

Si atendemos a estas variables, veremos que Telefónica es una de las empresas mejor situadas. No obstante, la compañía que preside Cesar Alierta va a tener que recurrir a vías extraordinarias para acometer las inversiones a las que se ha comprometido, sobre todo teniendo en cuenta que va a empezar a operar en países como Alemania en los que no tiene absolutamente nada de presencia.

Así, este verano, la operadora española consiguió un crédito sindicado de 7.000 millones de dólares y lanzó una emisión de bonos en Estados Unidos por valor de 5.400 millones más. Sin embrago aún queda su plato fuete: la salida de Telefónica Móviles a bolsa con la que espera recaudar entre 16.000 y 18.000 millones de dólares.

Teniendo en cuenta los anteriores ratios, Deutsche Telecom estaría en una situación apurada y para poder sostener la deuda debería vender activos. No obstante, fuentes de la compañía afirman que cuenta con gran solidez y que la venta de la red de televisión alemana, Wind en Italia, la emisión de bonos realizada en junio y un préstamo por importe de 11.650 millones de euros es suficiente. Como dato curioso: la compañía germana se retiró de la puja en Suiza.

KPN también podría verse obligada a vender activos si miramos su balance. Esta compañía espera obtener 17.920 millones de euros por la venta de su filial de móviles y espera lanzar una nueva emisión de bonos.

France Telecom, por su parte, pretende financiar con fondos propios y está negociando la participación de otras empresas en las licencias que ya posee en este momento. Mientras, Vodafone, que ha ganado en todos los países en los que se ha presentado, espera financiar la totalidad de sus beneficios con deuda.


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