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La Gran Muralla de China para Internet (y II)

Ya en la época dorada de Internet (otoño de 2000), China se dedicaba a imponer normas que limitaban la inversión extranjera, incrementaban la vigilancia de los contenidos de las páginas web y pretendían cerrar cualquier empresa que careciera de la correspondiente licencia

Pero al mismo las autoridades chinas saben que pueden, y deben, sacar provecho de esta nueva tecnología y no quedarse atrás. De hecho cada vez más las grandes empresas occidentales como IBM, Microsoft o HP intentan poner un pie en este feudo, sabedoras de su potencial.

Aunque las autoridades chinas no toleran las nuevas tecnologías se utilicen para aglutinar o fomentar la disidencia política, sí que pretenden desarrollar la Red como medio comercial. Una difícil dicotomía. Internet nunca ha mostrado llevarse bien con el intento de control absoluto.

Genocidio de cibercafés

Para millones de chinos, incapaces de adquirir una computadora y pagar una conexión, el principal medio de acceso a la Red son los cibercafés. Desgraciadamente para ellos, desde que empezaron a brotar como setas (sobre todo en las grandes ciudades), fueron calificados por el gigante asiático de “vehículos de contaminación cultural”.

Por eso, desde su mismo nacimiento, se ha dedicado a cerrar estos locales por millares con excusas de lo más peregrino. Nos remontaremos a la primavera del pasado año para constatar que el goteo de clausuras ha sido continuo en esta particular guerra que China ha emprendido contra estos establecimientos.

  • En abril (el 17 de marzo se había lanzado la primera ley china sobre Internet) se inició una redada para inspeccionar los más de 94.000 cibercafés existentes en el país. Ese mismo mes, ya se estrenaron cerraron varias decenas de cibercafés ubicados en la avenida principal de Pekín, alrededores de los edificios de Gobierno y colegios para intentar limitar el uso de la Red entre los más jóvenes. El ministro de Información, Wu Jichuan reconoció que les preocupa la “influencia de Internet en el crecimiento de la juventud y el desarrollo de la sociedad”.
  • En julio la cosa fue mucho más tremenda. El gobierno chino cerró nada menos que más de 2.000 cibercafés de todo el país y animó a otros 6.000 a que suspendieran toda actividad. El motivo esgrimido es que los ciudadanos pueden emplear el anonimato que proporciona la Red para incumplir las leyes, desestabilizar el régimen, transmitir secretos de estado o mercar con pornografía.
  • La escalada va en aumento. Mediado noviembre la censura gubernamental china decide cerrar más de 17.488 cibercafés por permitir el acceso a sitios considerados subversivos o pornográficos dentro de la misma campaña que inició meses antes. Y a otros 28.000 ‘wag ba’ (así se denomina a estos locales en mandarín) se les conminó a instalar inmediatamente software para controlar la actividad de sus clientes.
  • Ya en mayo de este mismo año, la agencia de noticias Xinhua informó de la clausura de otros 200 cibercafés en Shanghai que no tenían la licencia exigida por el Gobierno.

En junio las cosas cambiaron. Un incendio en un cibercafé de Pekín se convirtió en la excusa perfecta para volver a cerrar estos establecimientos a diestro y siniestro.

En el incendio del Lanjisu Cafe que operaba sin licencia en el distrito universitario de Beijing (Pequín) y que tenía rejas en las ventanas como casi todos los locales chinos, murieron 25 personas y otra docena resultaron heridas.

Cambiando ahora de excusa, y pese a que el dueño del local se entregó inmediatamente, cerraron inmediatamente todos los cibercafés de Pekín (unos 2.400, de los cuales apenas 200 contaban con licencia según fuentes oficiales).

Pocos días después, la fiebre por la seguridad en estos locales (resulta curioso que incendios peores ocurridos en discotecas no despertaran semejante reacción) se llevó por delante más de 3.100 cafés de Internet en todo el territorio nacional y congeló la apertura de otros 11.000 por no cumplir unos requerimientos de seguridad mínimos.

Entre estos requerimientos se encuentran medidas sensatas como tener salidas de emergencia abiertas, no tener obstáculos que impidan la evacuación o disponer de extintores, y otras que no lo son tanto, como prohibir las apuestas, no tener videojuegos extremadamente violentos o no hacer mucho ruido.

Fan Xuyu, profesor de informática de la Universidad del Pueblo resumió el estado de ánimo de muchos conciudadanos al asegurar en plena vorágine de cierres: “nuestro mundo se ha vuelto un poco más pequeño”.

Una historia de buscadores

La última (por el momento) muestra de la actitud de los gobernantes de este país hacia Internet esta relacionada con los tres principales buscadores: Google, Altavista y Yahoo! (aunque este último sea de todo menos buscador a estas alturas). Los tres de origen estadounidense.

Siempre motivada por la honda preocupación de que sus 1.500 millones de ciudadanos vean pervertidas sus almas, decidió arremeter en septiembre de este año contra los buscadores, que al fin y al cabo son la mejor ventana abierta a la Red.

El mismo día que se estrenaba el mes, se descubrió que las autoridades chinas habían vetado el acceso al motor de búsqueda estadounidenses Google, empleado por 30 millones de chinos. Pocos después cayó Altavista por no filtrar información \”obscena o subversiva\”.

También se pudo comprobar que incluso redirigían a aquellos que tecleaban estos dominios a buscadores afines al gobierno. Algo ante lo que un analista de Pekín dijo “es como ir a comprar Coca-Cola y que te digan de acuerdo, no te podemos dar Coca-Cola, pero aquí tienes zumo de pomelo”.

Inmediatamente, tanto Google como Altavista se reunieron con representantes del gobierno chino para conocer las razones de su veto e intentar erradicarlo, pero de nada sirvió. Finalmente, dicen que por las protestas populares y la petición de las empresas, una semana y media después Google volvió a ser visible. Suerte bien distinta corrió Altavista, que seguía proscrita.

Lo más curioso es que Yahoo! quedó a salvo de todo este lío tras avenirse a firmar en agosto un \’compromiso público de autodisciplina con la industria de Internet en China\’, que fue denunciado por la ONG Human Rights Watch por colaborar con la censura en este país y que Google y Altavista no suscribieron.

Los firmantes de ese documento voluntario se comprometen a investigar los sitios web a los que enlazan (Yahoo!, portal-buscador, tendría aquí una ardua tarea), bloquear aquellos que el Gobierno considere que contienen \”información dañina\” y dar parte a las autoridades. Desde que Internet Society of China (ISOC) publicó el documento, cientos de sus miembros (agencias gubernamentales, empresas y universidades) han apoyado el compromiso. También Yahoo!

Kenneth Roth, director de HRW, aseguró en su momento que \”si apoya ese compromiso, Yahoo! se convertirá en un agente del gobierno chino. Pasaría de una puerta de entrada para la información a una barrera\”.


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