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La imposible boda de Napster y Bertelsmann

Si Napster hubiera sobrevivido al acoso legal de las discográficas, y muchos piensan que podría haberlo hecho, esta pequeña empresa convertida en fenómeno habría podido producir suficiente dinero con métodos alternativos, como la publicidad y el merchandising por poner un par de ejemplos, como para continuar existiendo y alimentar a un pequeño equipo de personas.

Pero la ambición ha cegado a los mandamases de Napster, que se han ido a la cama con uno de sus hostigadores: Bertelsmann, nave nodriza del sello discográfico BMG. Aunque habrá que darle un voto de confianza al amigo Hank Barry, puede que haya accedido a la unión para pagar los costes de sus abogados, no por ansias de levantar ningún imperio.

En cualquier caso, ya sea ambición, miedo o pura supervivencia, Napster ha accedido a cambiar su modelo de negocio a cambio de que BMG retire sus cargos. A partir de ahora el sistema de intercambio de música en Napster incorpora la posibilidad de la suscripción, además de la del libre intercambio. Por añadidura, la discográfica se queda con un buen pedazo de la empresa a cambio de un préstamo de 100 millones de dólares: una minucia para la discográfica, una fortuna para Napster Co. y para su actual accionista Hummer Winblad.

La primera discográfica en aliarse con Napster está encantada consigo misma por su alarde de modernidad, y además de proclamar a los cuatro vientos que ha dotado de legitimidad a Napster, está animando sin parar a los otros demandantes a hacer lo mismo. Aunque, que las discográficas integrantes de la RIAA se disputaran y se hicieran con los pedazos de Napster sería, como mínimo, una broma de mal gusto para todos los aquellos usuarios que consideran a Napster como algo suyo, que han contribuido a que esta empresa protagonizara una revolución.

Pero que nadie se confunda, Bertelsmann no está demostrando con su iniciativa que se haya pasado al bando reformista, lo único que ha dejado claro es la poca idea que tiene de cómo funciona el mundo de la música digital. La discográfica era consciente de que tras el juicio, independientemente de la resolución final, el mundo de la distribución de música no se iba a quedar como estaba antes y han decidido dar un giro, es posible que demasiado tarde.

El negocio imposible

Ni los gerifaltes de Napster, ni los de Bertelsmann, han sido capaces de justificar como van a conseguir ingresos. Según las declaraciones de Barry, Napster seguirá siendo totalmente gratuito para todos sus usuarios, pero aquellos internautas con buena fe que deseen abonar voluntariamente la cuota mensual de 4,95 dólares para descargarse la música de BMG, dispondrán de un botón perfectamente visible para hacerlo.

Todo suena muy raro, es un modelo de negocio cuestionable, y eso siendo suaves. Y por muchos motivos, pero son principalmente dos los que vienen a la mente. Por una parte resulta bastante ingenuo confiar en que la gente pagará pudiendo conseguir la música de la misma manera que lo ha estado haciendo hasta ahora: gratis. Por otro lado, la gran mayoría de la gente desconoce a que discográfica pertenece la música que se descarga, le da absolutamente igual.

Y aún en el caso de que Napster se coligara con todos los sellos discográficos, ni Napster, ni ninguno de estos sellos, ni nadie hoy en día, es capaz de proteger y controlar la distribución de música. Desde diciembre de 1998 la Iniciativa SDMI (Secure Digital Music Initiative) está intentando desarrollar un estándar infructuosamente.

Y hay otro gran problema de definición. Puede que haya gente que piense que un cliente es lo mismo que un usuario. Las declaraciones de Napster dan a entender que ellos piensan esto, o que les interesa pensar eso. Da igual. En cualquier caso, no hay nada más diferente que un cliente y un usuario; el primero paga, o está dispuesto a pagar, el segundo no tiene porqué. Naspter tiene usuarios, no clientes, e ignorar esta aparente veleidad puede costar caro.

Los 32 millones de usuarios de Napster no están casados con ninguna empresa, y si mañana, por la razón que sea, deciden dejar de poner sus discos duros repletos de música al servicio de Napster Co. e irse a esos otros miles de sitios gratuitos que no se han vendido a las discográficas, Napster no tendrá nada que hacer salvo desaparecer. Aunque el fenómeno haya cambiado el mundo. Napster nunca ha tenido y jamás tendrá ninguna posibilidad de generar tanto dinero como las empresas discográficas con el actual sistema de distribución de música.

No conviene olvidar que esta empresa (a diferencia de MP3.com) no almacena la música en sus propias máquinas; tan sólo pone en contacto a quien tiene y quien quiere música. Es un directorio, nada más, susceptible de ser sustituido. Aunque con esta posible fuga también se plantea otra duda: la dispersión es enemiga del peer to peer. Pero éste es otro asunto que debe ser tratado en otro momento.

De momento, los dos principales ejecutivos discográficos de la empresa alemana han dimitido, por \’discrepancias de estrategia\’ y como protesta por ser apartados de Internet. Pero la marcha, anunciada pocos días después del acuerdo con Napster, no parece una coincidencia. A los especialistas en el negocio del disco del conglomerado alemán no parece haberles gustado la idea de un Napster de pago. ¿O será que son los únicos que creen que puede funcionar?

Entonces qué busca Bertelsmann con este acuerdo

Dinero parece que no, es bastante improbable Napster que genere beneficios y salga a bolsa con el modelo de negocio que propone Bertelsmann. Una de las respuestas que parecen más evidentes es que busca publicidad positiva, aparecer como la discográfica más moderna. Pero para los peor pensados, sobre todo aquellos enamorados de la gratuidad de Napster, también aparece otra teoría en el horizonte: quizás la discográfica alemana no busca ganar prestigio entre todos estos millones de internautas, puede que lo que busque es desprestigiar a Napster, conseguir que sus usuarios identifiquen esta empresa que ha sacudido los cimientos de la distribución de música con la RIAA y por tanto dejen de identificarse con ella. Afirman que esto explicaría también el interés de Bertelsmann en que las otras casas discográficas sigan sus pasos. Cosas más raras se han visto, aunque hay que reconocer que suena un tanto paranoico.

Un voto de confianza

Siendo bien pensantes, y dándole un voto de confianza al gigante alemán, también puede ser que Bertelsmann haya sido el primer grande en darse cuenta de que o cambia o morirá, y esté aprovechando todo este asunto para aprender, para adentrarse en el mundo de la música digital y la distribución peer to peer. Si de verdad aprovechan la tesitura para buscar humildemente un nuevo lugar el mundo, acertarán. Si lo que pretenden es detener el fenómeno Napster, que es otra cosa bien distinta y bastante más seria que la empresa Napster, se están equivocando. En cualquier caso, habrá que mantener la guardia alta y seguir los movimientos de la compañía alemana a partir de ahora.


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