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La jubilación obligatoria, a revisión

Si Alan Greenspan, Presidente de la Reserva Federal de EE.UU, puede a sus 76 años llevar con mano perfectamente firme el timón de la procelosa economía estadounidense, es que el retiro obligatorio a los 65, fijado por primera vez en Reino Unido en 1925, está fuera de lugar. Así lo reconoce la revista británica The Economist en un artículo del pasado 12 de diciembre.

En España no andamos faltos de ejemplos. Juan Miguel Villar Mir, Presidente del Grupo de su mismo nombre y que hoy factura cerca de los 3.000 millones de Euros, reconoció recientemente que empezó su carrera de empresario con 55 años. Hoy, bien pasados los setenta, sigue en la brecha, marcando la pauta en un Grupo en constante expansión. Mirando a otro lado, estamos en estos días viviendo la lucha de poder por la Presidencia de La Caixa de Cataluña en la que su presidente, a punto de cumplir los 75 años, sigue tan ejecutivo como siempre.

En un mundo en el que el trabajo intelectual se puede ejercer desde cualquier parte, empleados mayores, en plena posesión de su capacidad intelectual, prestarán servicios de valor para sus empresas, incluso desde sus lugares de descanso, obligando a reinventar el retiro obligatorio. La Ley para un sistema de jubilación gradual y flexible, aprobada el pasado 12 de julio, ya ha proporcionado en España el pavimento legal para compatibilizar la percepción de una pensión con el mantenimiento de actividades económicas. Mientras tanto, hace sólo un mes, la Comisión Europea emitía un informe abogando por desfavorecer la práctica de la jubilación anticipada. Muchos comentaristas ven el siguiente paso en dilatar por ley la vida activa de los ciudadanos. Económicamente tiene sentido: por cada año más de vida laboral, el sistema de Seguridad Social tiene un año más de cotización y un año menos de prestación. El resultado: hasta un 1% del PIB de ahorro en gasto público por cada año adicional.


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