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La música en tiempos de mp3

Allá por 1987 unos cerebros del Instituto Fraunhofer desarrollaron un método para transmitir audio en un formato digital comprimido sin mermar la calidad. Años más tarde el MP3 llegaba a oídos de los melómanos y se catapultaba en la Red. Entonces, dos adolescentes con imaginación y tiempo libre revolucionaron la forma en que gente escuchaba y compartía música. Nacieron WinAmp y Napster.

Comenzó un terremoto que pronto subió a 10 grados en la escala Richter: los pilares de la industria musical comenzaron a resquebrajarse y el concepto tradicional de \’Derechos de Autor\’ empezó a perder sentido.

Las discográficas se revolvieron como perros furiosos y mandaron hordas de abogados para machacar en los tribunales a todo aquél que osaba tocarles el copyright. Hubo músicos que condenaron a los piratas y otros tantos que se subieron al escenario con camisetas de Napster. Los usuarios eran expulsados en masa, las universidades bloqueaban el servicio… y los internautas se buscaban la vida.

De cada palo que recibía Napster nacía un nuevo programa de intercambio de archivos. Gnutella y compañía continuaron la revolución P2P, donde las empresas ya no pintaban nada: la Red era la autopista por la que millones de canciones pasaban de PC a PC.

Tarde y mal, la industria se dio cuenta de que no se puede parar un mercancías a 150 por hora poniéndole la zancadilla. Abrazó el nuevo formato como si de un hijo se tratase; comenzó a buscar alianzas con sus otrora enemigos y a comprar rebeldes para que se uniesen a la causa del dólar. La idea es tener todo bajo control para que los millones de internautas que se han acostumbrado a tostar CDs lo sigan haciendo bajo sus directrices: pagando.

El río baja revuelto. La industria ha formado duetos y hasta cuartetos para lanzarse a la búsqueda del Santo Grial. A la vez, se desarrollan tecnologías que nacen seguras pero son agujereadas sin piedad (como la iniciativa SDMI y sus marcas de agua de borrajas). Así estamos: Napster es una caricatura de lo que era y los usuarios se atrincheran en AudioGalaxy, WinMx, BearShare y otros tantos; PressPlay y MusicNet se aprestan a ofrecer servicio; la RIAA sigue afilando el cuchillo para segar cabezas de nuevas ovejas negras… Pase lo que pase, nada volverá a ser lo que era.


MP3 y Napster, dos nombres y una historia:


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