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La nueva publicidad online es (por fin) interactiva

Una mañana cualquiera, abrimos la página de inicio de Google para buscar un restaurante chino decente, y nos encontramos un montón de puntos de colores que salen disparados en todas direcciones. Pocos días después, media Internet nos insinúa que si no pudimos ver el juego, ya va siendo hora de que cambiemos de navegador. ¿Y ese doodle que cambiaba de color según escribíamos? Nos anunciaba su nueva tecnología de búsqueda instantánea, mientras tecleamos. Son tan sólo dos ejemplos de esa nueva publicidad online que aprovecha todas las posibilidades que ofrece la Red, como por ejemplo el hecho de que si intrigas o diviertes (o indignas) a la gente, hablarán de ti tanto y durante tanto tiempo que te ahorrarás hacer una campaña de comunicación a la vieja usanza. Pero la nueva publicidad es algo más que marketing viral. Es crear una serie de webisodios, en los que vemos el romance frustrado entre el director de marketing de Philips y la resuelta reportera de tecnología que critica sus productos. Y de paso, como quien no quiere la cosa, vemos también las reseñas de los cacharros. Otra opción es aprovechar un éxito ya existente, y apuntarte al carro con una parodia. Es lo que ha hecho Disney al anunciar su próxima película, emulando el vídeo del doble arco iris (que ya es un clásico) con un vídeo en el que un videoaficionado se tropieza de pronto con la torre de Rapunzel. Osos, hombres con toalla y yincanas Así pues, tenemos el boca a boca en medios sociales. Tenemos los vídeos. Y no podemos olvidarnos del ingrediente más importante que ofrece esta nueva publicidad: la interacción con el usuario. Ya está bien de quejarse porque el anuncio no tiene sentido, sin poder hacer nada al respecto. ¿Quieres que el protagonista baile con el oso? ¿O que pesque con él? ¿O que coman (más o menos) juntos? No hay problema, Tipp Ex recurre a YouTube para tenernos un buen rato jugando con su anuncio. No podemos olvidarnos de la campaña de Old Spice, el gran éxito del verano en Estados Unidos. Ataviado con su toalla y su físico imponente, el protagonista nos da consejos de cualquier cosa, responde a las preguntas de actrices famosas e internautas anónimos y acaba convertido en un personaje de la cultura popular por derecho propio. Básicamente, la actitud de los internautas parece ser de activa resignación: ya que nos van a inundar a publicidad de todas formas, y queramos o no nos van a vender algo, al menos que lo hagan con gracia. Y si una marca de zapatos de lujo nos promete unas zapatillas gratis si perseguimos a sus enviados por toda la ciudad, tirando de servicios de geolocalización y microblogs, allá que vamos móvil en mano. Lo desconcertante, en realidad, es que hayamos tardado tanto en encontrarnos campañas como estas cada semana, firmadas por empresas que no son necesariamente de últimas tecnologías, y utilizadas para vender desde café hasta zapatos de lujo, pasando por desodorante y objetos de papelería. Los medios sociales son ya elementos habituales de la Red. La geolocalización está cada vez más extendida, y YouTube ha cumplido cinco años, casi una eternidad en este mundo tecnológico. Las herramientas ya estaban ahí, y ahora, por fin, las empresas las aprovechan.


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