La protesta online tumba la Ley Sinde

Cuando se conoció el borrador de la llamada "Ley Sinde", que iría integrada de propina en la Ley de Economía Sostenible, cundió la indignación entre los defensores de los derechos digitales por la posibilidad de cerrar páginas web sin orden judicial a instancias de una nueva Comisión, que dependería del Ministerio de Cultura y actuaría por denuncias de los titulares o gestores de los derechos (la SGAE, por ejemplo).

Aparecieron entonces los primeros manifiestos, artículos de opinión, recogidas de firmas en asociaciones de consumidores y la "Lista de Sinde", donde páginas con enlaces a descargas de archivos protegidos (es decir, las posibles páginas a cerrar) se inscribían como protesta al texto, bautizada con el nombre de la impopular ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde.

Los planes de aprobar la ley siguieron adelante, y entonces supimos, gracias a los despachos diplomáticos de EEUU filtrados por WikiLeaks, que EEUU había presionado para que se aprobara una ley antidescargas en España, donde, recordemos, los jueces se han negado una y otra vez a condenar el intercambio de archivos entre particulares sin ánimo de lucro.

Esa revelación añadió el cargo de "imposición extranjera" a las críticas que se hacían a la ley. Pero los planes de aprobarla siguieron adelante, aunque fuera en la Comisión de Economía y no en el Pleno del Congreso (evitando así un debate en la Cámara). Fue entonces cuando los internautas redoblaron su ataque.

El domingo, muchas páginas de enlaces a descargas como Cinetube o Seriesyonkis cambiaron sus páginas por una pantalla en negro y un aviso sobre que de aprobarse la ley, esa página desaparecería. Las actualizaciones en Twitter con los hashtag #leysinde o #sindegate fueron alcanzando un ritmo en torno al tweet por segundo, mientras se organizaban campañas de ataques DDoS contra las páginas del Congreso de los Diputados, PSOE y CiU, los partidos que en un principio iban a votar la ley.

Así las cosas, CiU se echó atrás el mismo día que iba a aprobarse la ley y el Gobierno retrasó la votación en tres ocasiones, intentando sin éxito pactar con CiU e incluso con el Partido Popular. Finalmente, pasadas las diez de la noche, se rechazó la propuesta. Y Twitter estalló con picos que rondaban los 1.000  tweets por segundo tras la votación del texto. Según Trendistic, en torno a las 10 de la noche los tweets sobre el tema llegaron a suponer el 0,73 por ciento de todo el tráfico de Twitter.

Curiosamente, los partidarios de la ley intentaron responder con las mismas armas. El PSOE cambió su página de inicio por una explicación sobre su punto de vista de la ley, y algunas distribuidoras de cine cerraron su web emulando al fundido en negro de las páginas de descargas. Pero todo fue en vano.

Por supuesto, esto no termina de forma definitiva con los planes de cambiar la legislación sobre las descargas. Pero es sin duda una demostración de fuerza de la comunidad internauta.


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