BAQUIA

La red invisible

Imagine. No está tan lejos, puede que un año o dos. Puede que mañana.

Al entrar en la oficina su teléfono móvil o su PDA le sirve para identificarse y fichar (si todavía se hace eso). Con él paga también en la máquina del café. Su PC es portátil, porque lo necesita en las reuniones, pero tiene acceso a la red local en cualquier punto del edificio y sin cables.

De vuelta a casa, se encuentra con un mínimo de dos PCs, que por lógica comparten el acceso a Internet de banda ancha a través de una red local casera, así como el decodificador del televisor, que también le permite acceder a servicios interactivos.

Puede que la nevera le avise de que no hay leche, puede que no, pero desde luego es posible encargar esos doce tetrabriks a través de la Red.

En palabras de David del Val, fundador de VXtreme, los dispositivos divergen, porque la gente prefiere que cada uno cumpla una sola función. Pero esto no impide la compatibilidad por otros medios (estándares de comunicación como XML y pasarelas de intercambio de datos). Lo cierto es que cada uno de esos dispositivos inteligentes es una computadora y al comunicarse entre sí forman una red, que a su vez es un subconjunto de Internet.

La Red se extiende así de forma capilar, por los cables y por el aire, hasta hacerse invisible, como lo es ahora la fontanería de las casas. El usuario sólo percibe los servicios: agua fría, agua caliente, lavabo, ducha, cisterna. Cómo funciona es algo que le preocupa muy poco. Lo que sigue es una muestra de la fontanería que hará desaparecer a la Red detrás de los muros y disuelta en el aire.

Los viejos infrarrojos

Su modestia le impide la notoriedad, porque es la tecnología de todos los mandos a distancia de televisores, vídeos y demás electrodomésticos caseros. El estándar IrDA (Infrared Direct Access) permite que un mismo mando controle varios dispositivos de marcas diferentes y por supuesto, la existencia de mandos universales y programables.


Aplicados a las redes de computadoras, los infrarrojos no dan mucho de sí. Hace falta línea visual directa entre el emisor y el receptor. En las mejores condiciones la velocidad es de 4 Mbps, siempre que no se interponga alguien o algo. No obstante, es una solución barata para la transmisión de datos en distancias muy cortas, desde un PDA o un teléfono móvil a un PC o una impresora.

Con los cables que ya había

Mientras las compañías eléctricas prosiguen la larga marcha que las podría convertir en telecos, las redes locales a través de los enchufes ya son una realidad, y una de las mejores soluciones para la casa. No todas las habitaciones tienen toma de teléfono, pero hasta el baño tiene toma de corriente. Basta con enchufar unas cajas que se conectan con el PC y que transmitirán los datos por toda la red, alcanzando con los últimos modelos los 14 Mbps.

El coste es muy bajo, alrededor de 40$ por puesto. A cambio, cualquier electrodoméstico es una fuente de interferencias que no bloquean la transmisión, pero la pueden ralentizar.

La línea del teléfono también es aprovechable. Con esos metros de triste par de cobre que atraviesan la casa hasta cada toma de teléfono se puede montar una red local de alta capacidad. El truco es el de siempre: se envían los datos en frecuencias mucho más altas que la de la voz.

Siguiendo los dictados de un consorcio llamado Phone Networking Alliance el primer estándar HPNA 1.0 proporcionaba un raquítico megabit por segundo, mientras que la nueva norma 2.0 alcanza 10 Mbps. Fabricantes como Intel o 3Com disponen de tarjetas para HPNA a buen precio.

La radio mató a la estrella del cable

Para librarse de los cables, las transmisiones por radiofrecuencia son la mejor opción. El precio y el complejo ecosistema de estándares son por ahora los mayores obstáculos.

Las especificaciones para las redes Ethernet sin cables están en el principio de todo, con la nada populachera denominación de 802.11. Utilizando una banda de 2.4 GHz, todavía disponible, se pueden transmitir datos por división en frecuencia (varios paquetes de datos viajan a la vez, asignando a cada uno una frecuencia) con una velocidad de 1 Mbps.

Con la nueva revisión 802.11b, también llamada WiFi (Wireless Fidelity) se pueden alcanzar hasta 11 Mbps. Además es compatible con los dispositivos 802.11. La velocidad es alta, pero todavía está lejos de las redes con cable, que en cualquier oficina alcanzan 100 Mbps. Por cierto, 802.11b es la tecnología empleada por Apple en sus dispositivos de redes inalámbricas Airport, los únicos que tienen un coste asequible.

Otro protocolo de radiofrecuencia llamado SWAP (Shared Wireless Access Protocol), más barato pero más lento, permite disponer de seis canales de voz con DECT (la tecnología de casi todos los teléfonos inalámbricos digitales en Europa) y un canal de datos a 1 Mbps. El coste lo convierte en una buena opción doméstica.

Paralelamente, la tecnología Bluetooth, impulsada por un consorcio de compañías como Nokia, Ericsson o IBM, pretende llevarse al agua el gato de los pequeños dispositivos sin cables.

La tecnología se orienta a distancias cortas, como entre el teléfono móvil y su auricular o entre un PDA y el PC. No obstante es incompatible con 802.11b y además hay que pagar licencia por su uso, ya que se trata de un estándar patentado. Ambas cosas están en su contra.

Hasta Internet y más allá

La astuta combinación estas tecnologías permitirán la conexión de dispositivos dentro de cualquier recinto. Curiosamente, a la hora de atravesar los muros y conectarse a alta velocidad con Internet, cada una de ellas encuentra su equivalente.

La tecnología de redes de datos a través de la instalación eléctrica tiene a varias compañías en Europa, Brasil y Korea pensando seriamente en entrar en el negocio ISP. La red troncal es de fibra óptica, y se suministra el acceso a los clientes por el cable de corriente a partir de los transformadores. La velocidad teórica por cliente es de 11 Mbps, pero aún queda mucho por hacer.

Mucho más tangible es la tecnología ADSL, que ya funciona aprovechando las líneas de teléfono existentes para transmitir datos con velocidades de hasta 2 Mbps. Es a la compañía telefónica a quien toca modificar sus centralitas para que puedan suministrar el servicio, y a pesar de que crece el número de usuarios en todo el mundo, también lo hace el de quejas por su baja calidad.

La competencia es el acceso por cable, cuyos abogados con cierta justicia califican a ADSL como un parche para prolongar la vida de las viejas líneas telefónicas. Con el cable es posible conseguir velocidades de vértigo (hasta 30 Mbps) y los clientes disfrutan de una oferta completa: acceso a Internet, telefonía, televisión digital y servicios interactivos.

El pequeño inconveniente de las redes de cable es la necesidad de abrir zanjas para llegar a cada abonado, lo que supone una enorme inversión de dinero y tiempo. Por este motivo ya hay quien ha decidido el asalto de la última milla (el bucle de abonado) desde el aire.

La tecnología se llama LMDS, y consiste en la instalación de antenas emisoras, cada una de ellas con una cobertura de unos 15 kilómetros a la redonda, que proporcionan datos desde 4Mbps hasta 500 (!) según los canales contratados. El cliente tiene que instalar una antena receptora muy pequeña en una ventana. La inversión es pequeña para el proveedor, pero el equipo de cliente es caro. Lo bueno es que se lo pueden instalar mañana.

Y mi UMTS cuándo llegará

Era un gran promesa. Una tecnología para teléfonos móviles que permite transmitir datos a 2 Mbps. Eso se llama videoconferencia, si quisieran, o un montón de servicios multimedia en la pantalla del móvil.

Ahogado su desarrollo por un exceso de inversión difícilmente recuperable, terminales inexistentes y el fracaso de las operadoras (con la excepción de DoCoMo) para desarrollar servicios en red interesantes, UMTS se retrasará al menos dos años.

Como en el caso de los cables, a la tecnología GSM existente se puede aplicar el parche de GPRS y llegar a unos servicios en red para el móvil. Pago electrónico, reservas o localización geográfica son algunos ejemplos razonables.

UMTS, como todas las otras tecnologías que canalizan los bits, es posible, pero tiene que llegar a ser viable. Si varias tecnologías consiguen sobrevivir en el mismo nicho, durante algún tiempo las pasarelas de datos se ocuparán de que hablen entre sí.

Pero aún así, el futuro está en la compatibilidad entre las tecnologías y la competencia en los servicios. Si se intenta amarrar los unos a las otras, nos veremos obligados a seguir esperando.


Compartir en :


Noticias relacionadas

Recomendamos




Comentarios