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La Red, un genial instrumento para que los políticos no se alejen de los ciudadanos

"Elegimos a nuestros dictadores cada cuatro años". Esta frase, pronunciada a menudo por muchos latinoamericanos, describe la frustración que muchas veces provoca el desempeño de la clase política en la región. No es un secreto: frecuentemente, las instituciones políticas latinoamericanas dejan mucho que desear. En demasiadas ocasiones, los intereses de los ciudadanos son representados de manera ineficaz por aquellas personas que los deben de representar: los políticos. La consiguiente inestabilidad institucional, social y jurídica supone un obstáculo importante para la inversión en la región en general y para la financiación de proyectos relacionados con la Nueva Economía en particular.

La oportunidad que ofrece la Red…

Pero hay buenas noticias. Internet supone una oportunidad única para mejorar, y mucho, la comunicación política en Latinoamérica. Tanto los ciudadanos que abogan por un cambio legislativo o simplemente quieren que sus opiniones tengan una mayor distribución, como los partidos políticos, deben de ayudar a reducir la enorme distancia entre la clase política y los ciudadanos a través del diálogo en la Red.

Los economistas de la Nueva Economía Política, una corriente de pensamiento que se ocupa del análisis económico de la política, disponen de un instrumentario interesante para el análisis. Sostienen que los políticos en sistemas representativos, unidos en coaliciones y alianzas (los \”ins\”) están interesados en entorpecer reformas que podrían afectarles negativamente dando más poder a los ciudadanos (los \”outs\”).

Afirman que frecuentemente se constituyen cárteles entre la clase política, grupos económicos y los medios de comunicación que hipócritamente dicen defender el "interés general". Cárteles que, en el peor de los casos, son ampliados con la incorporación del poder judicial. Además, en sistemas electorales representativos, la clase política, a menudo en complicidad con los medios de comunicación, dispone de lo que los analistas anglosajones llaman el "agenda setting monopoly": la facultad exclusiva de determinar qué temas deben de dominar la agenda de la opinión pública. El resultado es la enorme brecha existente entre los políticos, los \”representantes\”, que persiguen sus propios objetivos, y la ciudadanía "representada".

…para devolver la agenda política a la ciudadanía

La utilización de Internet, y su carácter interactivo y dinámico, supone una gran oportunidad para que la clase política interactúe con la ciudadanía y esté obligada a escuchar las diferentes preferencias e inquietudes de los ciudadanos. En otras palabras, la utilización de la Red en Latinoamérica debe de arrebatar la facultad de programar "la agenda" a la clase política y otorgársela al conjunto de la ciudadanía. Internet puede tener un papel fundamental a la hora de "desintermediar" el proceso político originando una mayor participación del público y una mayor confianza en los procesos de democracia política.

MoveOn, un ejemplo a seguir

Un buen ejemplo de como la utilización de la Red puede sensibilizar a los miembros del poder legislativo es el nodo estadounidense MoveOn.Org. Fue formado por dos personas hartas del, para ellos insignificante, proceso de \”impeachment\” contra el presidente Bill Clinton.

En tan sólo una semana habían juntado 100.000 firmas. MoveOn sirvió de catalizador para que ciudadanos estadounidenses realizaran más de 250.000 llamadas telefónicas al Congreso de EEUU y mandaran a esta institución más de un millón de mensajes de correo electrónico. Según afirman los fundadores de Move On, "ayudamos al Congreso a entender la profundidad de la oposición del público al proceso del \”impeachment\”. MoveOn señala que "cuando hay una falta de conexión entre la opinión pública y la acción legislativa, MoveOn forma grupos de presión electrónicos".

Como ejemplos de estas campañas cita al "impeachment", el control de la posesión de armas, el desarme nuclear y la financiación de campañas electorales. ¿Se imaginan la cantidad de temas sobre los que una organización como MoveOn podría influir en Latinoamérica? Reforma escolar, salarios del profesorado de educación básica, tarifas de interconexión en telecomunicaciones o el "bombardeo" de correo electrónico de los senadores argentinos que fueron sobornados para votar de una forma determinada…

De momento, privilegio para pocos

Claro está, de momento, el acceso a Internet es un privilegio en Latinoamérica. Pero ya ha habido muchas muestras, como se vio en las recientes elecciones municipales celebradas en Brasil, de que el acceso a la Red puede ser promovido en los ámbitos comunal, estatal o federal. La utilización de quioscos de acceso gratuito en plazas o centros comerciales puede ayudar, y mucho, a acercar a los ciudadanos económicamente más desfavorecidos a la utilización de Internet. En este sentido, hay que citar el establecimiento de quioscos electrónicos de pago en los establecimientos de la cadena comercial mexicana Elektra.

Un paso más, la democracia directa

Thomas Mann, un académico del centro de estudios estadounidense Brookings Institution, va más lejos cuando afirma que Internet acabará por originar formas de gobierno de carácter plebiscitario (consultas populares o democracia directa), una vez que se hayan resuelto cuestiones tan importantes como la independencia en el ejercicio del voto en línea.

La democracia directa puede ser una institución muy eficaz para frenar los intentos de la clase política latinoamericana de imponer sus propios, frecuentemente, egoístas objetivos. La discusión sobre los puntos concretos que se presentan a consulta popular (por ejemplo, la construcción de un puente o el establecimiento de una escuela) expande el debate, y aumenta el nivel de información de los ciudadanos.

Internet, que vincula de manera tan eficiente la información, disponible y en enorme cantidad en toda la Red, con la interactividad (el mensaje, la opinión, el voto) puede mejorar mucho el funcionamiento de las democracias latinoamericanas.

Temas relacionados:
  • El futuro de la votación por Internet en Brookings Institution

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