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La reinvención del hombre-anuncio

Hace unos meses, el Ayuntamiento de Madrid amagó con elaborar una ley que prohibiera la profesión de hombre-anuncio: esos personajes que recorren el centro de la ciudad portando grandes carteles que publicitan determinados negocios. El Ayuntamiento entendió que se trata de un oficio “denigrante”, y de ahí su intención de suprimirlo, que luego rectificó ante la cantidad de reacciones en contra de tan sorprendente idea.

Las tecnologías digitales van creado una nueva modalidad de hombre-anuncio: el que desde su blog, su cuenta de Twitter o su perfil de Facebook habla de determinado producto o servicio, utilizando un canal de comunicación directo e instantáneo con los consumidores, algo que entusiasma a los anunciantes. El último ejemplo es el de Marcelo Tas, un conocido presentador de la televisión brasileña que ha sido contratado por Telefónica para promocionar desde su cuenta de Twitter un nuevo servicio de televisión e Internet a través de fibra óptica.

Bien está que cada uno trate de sacar partido de sus habilidades o conocimientos de la manera que le parezca más conveniente. Pero lo que no parece tan correcto es utilizar un sistema de comunicación “puro” como canal para emitir mensajes publicitarios. Seguro que ninguno de los 20.000 seguidores del Twitter de Tas se apuntó para recibir publicidad de Telefónica. Esos mismos seguidores serán los que dictaminen si este formato publicitario tiene o no futuro.


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