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La sucesión en las empresas tecnológicas: ¿Cuándo decir adiós?

Saber retirarse a tiempo sin perjudicarse a sí mismo y, sobre todo, a la compañía, es un difícil arte que no está al alcance de cualquiera. La reciente dimisión de Scott McNealy como presidente de Sun Microsystems, la empresa que fundó hace veintidós años, ha sido el último gran caso de sucesión, de transmisión del testigo, en firmas tecnológicas. Un sector en el que la mayoría de corporaciones son conducidas, o lo fueron hasta hace poco tiempo, por fundadores carismáticos.

En 2000, Bill Gates dejó su preeminentísima posición en Microsoft a Steve Ballmer. Los creadores de Adobe Systems, John Warnock y Charles Geschke, hicieron lo propio con Bruce Chizen el mismo año.

Pero la industria todavía es bastante joven, y muchas de las compañías tecnológicas más conocidas siguen siendo controladas por sus fundadores, emprendedores de la talla de un McNealy; personas que se han convertido en auténticos iconos corporativos.

Ahora, lo más interesante es especular con el futuro de Oracle cuando Larry Ellison deje el cargo (para lo cual todavía no hay fecha, que conste) después de treinta años; o con el porvenir de Apple, que ya fue abandonada en una ocasión por Steve Jobs… Pero hace bastante tiempo, cuando iTunes e iPod no gobernaban todavía el mercado con puño de hierro.

Lo cierto es que en los casos en los que el presidente es también el fundador hablamos de personas sumamente identificadas con la organización, por lo que el hecho de que se marchen puede ser traumático. Las start-ups jóvenes prosperan con líderes creativos, carismáticos, dotados de una profunda pasión por su trabajo y por aprender cada día algo nuevo de la tecnología.

Pero, a medida que las empresas crecen, empiezan a necesitar presidentes con habilidades distintas, incluyendo la capacidad para delegar responsabilidades y para funcionar en un sistema directivo sumamente estructurado.

Otra opción es no irse definitivamente, sino hacer lo que realizó Jobs: marcharse durante algún tiempo para volver con energías renovadas, pensamientos frescos y posturas más cercanas a los gestores de la empresa, que tal vez no sepan mucho de carismas, pero sí del negocio.

En todo caso, los especialistas señalan que, en el sector tecnológico, los presidentes duran más que en otras industrias porque comenzaron a trabajar siendo más jóvenes.

Claro: imagine que usted es Bill Gates y acaba de entrar en la cincuentena; ¿qué más puede hacer? No hay otros trabajos para gente con esa edad, que por otra parte pueden vivir treinta o cuarenta años más. A todo el mundo no le gusta la pesca o cuidar el jardincito…

Los rectores de las compañías tecnológicas suelen estar menos conducidos por el ego que sus colegas del resto de sectores. Hay una fuerte meritocracia, porque los directivos de tecnología trabajan estrechamente con los empleados en todos los niveles de la organización para promover el sentido de la colaboración, que a su vez lleva a la innovación.


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