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La suscripción en los medios digitales, o el camino del suicidio

En los últimos meses crece el runrún en el gremio periodístico en la Red. Según aumenta la presión financiera, y la lista de bajas (despidos, cierres, ejecutivos defenestrados), surge de nuevo la Idea: cobremos por nuestros contenidos. Al fin y al cabo, lo que hacemos tiene un valor. ¿No querrá usted regalar el fruto de su trabajo? Hay que educar al público, hay que hacer que entiendan que la información de calidad hay que pagarla…

Para empezar se suele confundir el hecho de cobrar por los contenidos, con quién paga por ellos. Ningún periodista (definición: alguien que vive de escribir historias) defendería que los contenidos (definición: noticias, reportajes) se regalen. El problema es más bien quién paga. Cuando se habla de cobrar por contenidos se da por supuesto que quien paga es el lector. La verdadera pregunta es: Cobrar al lector de los medios, ¿sí o no?

Uno no vende lo que quiere, sino lo que puede; o sea, lo que le compran. Internet está inundada, rebosante de contenidos. Desde el punto de vista del lector la Red está repleta de mucha y muy buena información; a muy pocos (tal vez uno sólo) \’clics\’ de distancia. Competir en este entorno es muy, pero que muy difícil.

Es posible diseñar información de alta calidad que no esté disponible en otras fuentes, por la que el lector esté dispuesto a pagar. Puede hacerse, aunque alcanzar la rentabilidad es otra historia. Cuando The Wall Street Journal (WSJ) presume de ser el primer periódico online rentable por suscripción se olvida de aclarar que el pago da acceso a 30.000 fichas de empresa y al histórico de tres periódicos (EEUU, Asia, Europe); servicios que nadie más puede ofrecer. Por otra parte, si en la ecuación apareciesen los costes de los contenidos de WSJ papel y la amortización de la marca es probable que la rentabilidad se esfumase. Un periódico en la Red no puede, ni podrá, ser rentable por suscripción, a no ser que ofrezca algo más.

Así que competir con otros medios profesionales está complicado, y cada vez lo estará más. La otra parte de la ecuación, ganarse la vida con ello, es aún más difícil. Porque la competencia principal de los medios en la Red no son los otros medios, sino la enorme cantidad de gente que regala información.

Todo el mundo puede publicar en la Red, y lo hace. Nuestras fuentes, los gobiernos y administraciones, los bancos, las compañías de cualquier sector, todos publican ingentes cantidades de información, e incontables expertos (jubilados, especialistas en su tiempo libre, aficionados, competidores) comentan, analizan y filtran esos datos con maestría. Las más completas páginas de información sobre los temas más esotéricos suelen ser weblogs de aficionados: gente que tiene todo el tiempo del mundo, y que lo hace por hobby, pues se gana la vida en otros trabajos. Su precio (cero) siempre será imbatible, porque el beneficio que obtienen es otro. Nuestros propios lectores se independizan y empiezan a publicar directamente: sitios como Slashdot, Barrapunto o Plastic muestran este modelo en pleno funcionamiento. Y da miedo

En suma, los medios de comunicación pretendemos ganarnos la vida vendiendo contenidos en un océano de información de primera calidad y gratuita. Con estas premisas, cobrarle al lector es un suicidio.

No nos queda más remedio que buscar otras alternativas, otros modelos de negocio que nos permitan seguir practicando nuestro arte. Como por ejemplo vender contenidos a otros nodos de la Red; contenidos que necesitarán para hacerse ver entre tanta oferta (de ahí los sindicadores). O como apostar por la creación de marcas especializadas por temas que puedan después ofrecer productos y servicios alternativos a sus lectores a cambio de una modesta remuneración.

En cualquier caso tendremos que ser creativos y flexibles para que el periodismo prospere. Nadie dijo que vender arena en el desierto fuese fácil… pero a veces las soluciones obvias son las más peligrosas.


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