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La tecnología no es el problema; la tecnología no es la solución

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Lunes 24 de
septiembre de 2001
Año II, nº
467




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RESUMEN DE LA SEMANA del 17 al 24 de septiembre




  1. La tecnología no es el problema; la tecnología no es la solución
  2. La incertidumbre, el mejor aliado de la recesión
  3. Microsoft y sus circunstancias










  RESUMEN DE LA SEMANA del 17 al 24 de septiembre



<A
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La tecnología no es el problema; la tecnología no es la solución





Cuando el desastre golpea, es humano buscar respuestas; con más urgencia cuanto mayor el dolor. ¿Por qué? ¿Quién es responsable? ¿Cómo podemos evitar que ocurra de nuevo? La devastación del ataque a los EEUU del 11 de septiembre es colosal; los muertos se cuentan por miles, los daños por miles de millones de dólares. Las consecuencias humanas han sido aterradoras, las económicas están camino de serlo y las políticas lo serán sin duda. Es tiempo de encarar las consecuencias menos obvias que aún son evitables. Los gobiernos del mundo, y en especial el estadounidense, han sido rápidos al intentar que la probable implicación de grupos fundamentalistas islámicos en los ataques no se convierta en una acusación contra el Islam en su conjunto.

Es una tarea delicada y vital para el futuro de todos nosotros. Pero hay aún otra reacción en marcha, una que es de mayor relevancia para Baquía.com y nuestros lectores, una que nadie está tomándose el trabajo de desvirtuar. La tecnología en su conjunto, y en especial aquellas áreas que puede estén relacionadas con los ataques (o quizá no; poco se sabe) está bajo sospecha.

Un cierto hálito \’luddita\’ empapa estos días los comentarios y análisis. Se culpa a la tecnología a la vez de haber hecho posible la salvajada (imposible sin aviones o rascacielos de 400 metros) y de no haberla impedido (detectando a los secuestradores antes del acto). Simultáneamente, se exige a la tecnología que resuelva el problema, blindando nuestros aviones y ciudades hasta hacer imposible la repetición de actos de ese tipo. Tanto la culpa como la exigencia de seguridad carecen de sentido.

Una azada puede ser utilizada para matar. No ha sido diseñada para eso; pero puede usarse (y se ha usado) para quitar la vida a otros seres humanos. Del mismo modo un avión de pasajeros no ha sido diseñado para transformarse en misil. Pero puede usarse como tal. La tecnología es un multiplicador de fuerza, pero hace falta un ser humano que la dirija. Sería estúpido prohibir la fabricación de instrumentos no diseñados como armas por si alguien los usa como tales. Pero exactamente eso se está barajando en estos días de dolor, con determinadas tecnologías.

Respecto a Internet, no está claro el papel que ha jugado, si es que ha jugado alguno, en los sucesos del 11 de septiembre. Y sin embargo sus mismos creadores se sienten más que vagamente culpables, sólo por si acaso. Jugando con esa ventaja, y con ese leve sentimiento público de aborrecimiento a la tecnología, aquellos que defienden el recorte y control de la Red están actuando con rapidez. Se aprueban tratados y leyes discutidas y poco meditadas; se cristalizan normas arriesgadas propuestas sin el adecuado análisis de sus consecuencias. Se pueden estar comprometiendo para el futuro libertades duramente ganadas en el pasado, simplemente por la prisa en controlar un sistema de comunicaciones que puede, o no, haber sido abusado por los malos. Pero que es una herramienta vital para los buenos, y contra el mal.
El arrepentimiento de Phil Zimmermann, en The Washington Post
Tratado de cibercrimen, en Baquía Noticias
Preocupación por la prisa del gobierno, en The New York Times

Por otro lado estos días se exigen a gritos soluciones tecnológicas. Sistemas de identificación biométrica, escáners sofisticados, bases de datos más completas; aviones que aterricen solos, armas que permitan defenderse a los pilotos… todo un arsenal de máquinas que impidan futuros intentos de secuestro aéreo. En paralelo, los EEUU se disponen a librar una guerra a muerte con los terroristas utilizando aviones, barcos, satélites y misiles; toda la panoplia del guerrero cibernético que para empezar fracasó ya en la prevención de los ataques.
Tecnologías para la seguridad, que no funcionarán, en Los Angeles Times

Lo cierto es que la tecnología no es la causa del problema, y no puede ser la solución. Las herramientas que se precisan para ganar esta guerra son conceptuales; la máquina más importante pesa apenas un kilo; se llama cerebro, y es el ordenador más complejo del planeta (con certeza) y tal vez del universo. Sólo el ser humano es moral; sólo su cerebro es capaz de decidir actos tan salvajes como el derribo de las Torres Gemelas, y tan valerosos como los futiles intentos de rescate. La tecnología no empuja a la Humanidad al mal, y tampoco al bien. No es la causa del problema, y tampoco nos dará la solución. Ahora bien: la tecnología multiplica la fuerza, para el bien o para el mal. Así que nunca resolverá el problema, pero puede complicarlo, y no poco. Es especial si nos empeñamos en pedir al olmo las peras que no puede dar.
Más sobre tecnología y seguridad, en Zumo de Red

Más sobre consecuencias de largo plazo, en Baquía.com

Más sobre el ataque a EEUU, en Baquía.com





2.- La incertidumbre, el mejor aliado de la recesión


Desde el sangriento atentando terrorista en suelo estadounidense, el mundo financiero contuvo la respiración a la espera de la reapertura de las principales plazas bursátiles estadounidenses. La Reserva Federal estadounidense y el Banco Central europeo, temiéndose un ataque de pánico, rebajaron el pasado lunes los tipos de interés de forma imprevista. En EEUU se situaron así en el nivel más bajo (3%) desde la recesión motivada por la guerra del Golfo. No sirvió de mucho. Durante toda la semana se produjeron caídas sucesivas; el Dow Jones perdió un 15% (el mayor descenso semanal desde 1933) y el Nasdaq se dejó un 17% (la mayor pérdida semanal de toda su historia). Las caídas de los principales índices mundiales, que ya arrastraban fuertes pérdidas de la semana anterior, también fueron significativas y variaron entre el 8% del DAX alemán y el 4,53% del índice Nikkei. En las primeras sesiones los más castigados fueron los valores de compañías directamente afectadas por la catástrofe: aerolíneas y aseguradoras. Pero el pesimismo fue extendiéndose progresivamente al resto del parqué. Los inversores necesitan tranquilidad y sólo encuentran incertidumbre. El gobierno estadounidense no termina de ponerse de acuerdo sobre el alcance de sus medidas de represalia y se desconoce la respuesta de la población de los países árabes a un ataque sobre Afganistán.
En Financial Times

Los vientos de la recesión comienzan así a despertarse. La pérdida de confianza del ciudadano (que ya mostraba debilidad antes del atentado) se traducirá probablemente en una caída del consumo y en una tasa de crecimiento trimestral negativa de la economía estadounidense (que en el segundo trimestre del año creció tan sólo un 0,2%). A esto hay que sumar las decenas de miles de despidos anunciados esta semana por las compañías aéreas. La contracción económica no queda confinada a las fronteras estadounidenses. El miércoles se hicieron públicas las cifras de crecimiento de la economía española en el segundo trimestre del año: un 3% de crecimiento del PIB, que se espera disminuya en los próximos seis meses, y una caída significativa de las exportaciones fruto de la debilidad de la economía global.
En El País

Los expertos se muestran convencidos de la inutilidad de hacer cualquier predicción sobre el alcance o la duración de la deseleración. Como afirmó esta semana en Madrid James Buchanan, premio Nobel de economía, y reiteró también por escrito Paul Samuelson, otro reputado economista galardonado con el mismo premio, en un artículo en El País, hoy cualquier pronóstico es especulación. Ambos coinciden sin embargo en algo que tampoco se cansa de repetir Alan Greenspan, presidente de la FED: el horizonte a largo plazo no debiera verse afectado por el atentado en suelo estadounidense. Los gobiernos tienen hoy capacidad de maniobra y voluntad suficiente para tomar medidas de política fiscal y monetaria que suavicen o reviertan la tendencia bajista. Su actuación de la semana pasada (bajadas de tipo de interés, relajación de las restricciones a la compra de autocartera, ayudas a sectores como el de la aviación, inyecciones de liquidez en el mercado, etcétera) así parece indicarlo. La relativa estabilización del precio del crudo (empujado a la baja por el descenso de la demanda y la crisis del sector aéreo) aleja de momento los peligros inflacionistas y abre el campo a nuevas bajadas de tipos de interés. Siempre y cuando la respuesta militar de Estados Unidos no contribuya a aumentar la inestabilidad política y económica. Difícil papeleta la del presidente Bush.
En The Economist
Sobre la probable evolución de los precios del crudo, en Financial Times

Los efectos económicos y financieros del ataque contra EEUU, en Baquía.com


3.- Microsoft y sus circunstancias


Microsoft ha tenido una semana movidita en diferentes frentes. Por una parte el letal gusano Ninda puso de nuevo de manifiesto la conveniencia de visitar periodicamente la página de parches de la compañía para ir tapando los agujeros que van surgiendo en sus programas. Nada nuevo bajo el sol, aparte de que los peligros que se infiltran por los poros del software de Gates son cada vez mayores. Por otra la pieza clave en la estrategia .NET. Passport va a dejar de ser exclusivo de Microsoft. El coloso de Redmond permitirá que sus competidores empleen este sistema de autenticación (y unificación de contraseñas) para crear una plataforma común para identificar a los usuarios. Siempre en provecho de estos últimos. ¡Faltaría más! Con esta cesión, Microsoft acalla las voces, cada vez más numerosas, recelosas de que una sola empresa tuviera el control de los datos de los clientes, con el consiguiente riesgo para la protección de la intimidad.
En Baquía Noticias

Convertir Passport en un estándar abierto es una medida inteligente, sobre todo en estos momentos en los que 6 estados están escrutando con lupa los posibles efectos que tendrá Windows XP en la competencia (según Microsoft inspirados por AOL Time Warner) y sus usuarios cada vez más preocupados por como va a afectar a sus bolsillos el inminente aterrizaje del nuevo sistema de cobro por suscripción. El éxito de Passport ahora depende de la confianza de los consumidores y del resto de las compañías, y para ganarla Microsoft se va a ver obligado a dar el do de pecho en seguridad. El éxito de XP es otro cantar mucho más complejo.
En News.com
En Silicon Valley

Tampoco en el mar de las consolas de videojuegos las aguas están del todo tranquilas. El viernes Microsoft compareció para anunciar un retraso de una semana en la aparición de su Xbox, que finalmente llegará a las tiendas el 15 de noviembre (3 días antes que su rival Nintendo y a tiempo de aprovechar el filón de las Navidades). También aseguró de nuevo que pretende vender entre un millón y millón y medio de consolas (gracias a su recién estrenada planta de fabricación mexicana) antes de que acabe el año, aunque no discutió las grises predicciones elaboradas conjuntamente por analistas del sector que dudan muy mucho que la empresa de Gates pueda cumplir la promesa que hizo a principios de 2001 de colocar entre 600.00 y 800.000 unidades el día del lanzamiento (Robert Delean, de Morgan Keegan, calcula que sólo podrá presentar unas 300.000 máquinas). Visto lo visto, varios distribuidores que ya estaban admitiendo reservas de esta consola de 299 dólares, han dejado de hacerlo. El futuro, en cualquiera de los frentes, es incierto.
En Baquía Noticias
En Los Angeles Times








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