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La tecnología y la política son ámbitos mutuamente interrelacionados

Hasta hace bien poco, la tecnología se ha considerado como un hecho neutro, extraño, autónomo y monopolio exclusivo de ingenieros y científicos. A partir de la segunda mitad del siglo XX se reivindica su naturaleza política y su vínculo íntimo con la organización social. En la actualidad, toda propuesta de cambio social requiere su incorporación como espacio de operaciones y como horizonte a transformar.

A esta conclusión han llegado los 27 investigadores del Equipo de Ciber Somosaguas de la Universidad Complutense de Madrid, que llevan seis años juntos analizando el desarrollo de las nuevas tecnologías en España, entre los que están Igor Sábada, Ángel Gordo como coordinadores de la publicación y la reconocida periodista, Maite Pascual.

A pesar de ello, escasean las publicaciones que aborden el estudio del nexo entre el universo político y el campo de lo técnico, y su permanente mediación de la vida social, en el contexto de la globalización, en el que emergen nuevas formas de intervención política. Los autores apuestan por sortear los efectos colaterales del determinismo tecnológico y por destruir el mito de una tecnología aséptica, cerrada y neutral.

Según Igor Sábada, “estas páginas presentan numerosos ejemplos (los molinos del Medioevo, los automóviles, los teléfonos móviles, el software libre, los chats, y la Web 2.0) que muestran cómo lo técnico se redefine constantemente desde los ámbitos local y colectivo”.

Durante la presentación del libro Ángel Gordo aseguró “España está a la cola de los países de la Unión Europea en el uso de las tecnologías formales entendidas como: banca, comercio y administración electrónica; mientras que el uso de las informales (facebook, tuenti, my space…) está totalmente generalizado”.

El libro “Cultura Digital y Movimientos Sociales” está estructurado en cuatro partes. Las dos primeras dedicadas a las relaciones entre tecnología y subjetividad en diferentes escenarios históricos y a cuestiones conceptuales y epistemológicas acerca del ciberespacio.

La tercera parte expone estudios de caso de los nuevos medios de comunicación y las tecnologías sociales (web 2.0 y la blogosfera). La última parte analiza las arquitecturas políticas, movilizaciones, activismo y disputas legales vinculadas a la configuración y usos colectivos de las tecnologías sociales que forman parte del paisaje político y social contemporáneo.

El libro concluye recordando que la tecnología no es mera cuestión de expertos que deciden desde sus torres de marfil, sino objeto de deliberación pública y elemento consustancial para la vida política contemporánea, y que de los antagonismos y tensiones emergen nuevas formas de vincular política y tecnología, una suerte de movimientos sociales de nuevo cuño.


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