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La Web, territorio para todos

Desde que existe Internet, no es que haya más freaks, entiéndase, raritos, gente contra corriente, ovejas negras, verdes o coloradas. Antes también los había, y los habrá siempre en adelante. Es sólo que una de las (muchas) virtudes que atesora Internet es la de permitir que todo el mundo encuentre su lugar en este mundo, ya hablemos de sus preferencias culturales o de consumo.

Porque los best-sellers de fácil consumo siguen acaparando las listas de ventas editoriales, las canciones de usar y tirar llenan los tops musicales, las series más zafias ocupan el prime-time de la televisión… Una buena parte de lo que consumimos está condicionado por nuestro ritmo de vida apresurado y frenético, y por eso los mercaderes de productos de consumo optan por lo seguro, por lo que exige escaso esfuerzo neuronal, por lo alineante y facilón.

Pero entonces llegó Internet para salvar a la enorme minoría. Internet no está condicionado por el apremio del espacio físico, que exige maximizar cada centímetro cuadrado invertido en escaparates, carteleras o estanterías. Aquí hay espacio para todos los gustos, y todos los \”raritos\” pueden encontrar su espacio: es la \”larga cola\”, que nos enseña que ni todos los gustos son iguales, ni todos los mercados están ya explorados. Más


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