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Las editoriales buscan el camino del libro electrónico

Por segundo año consecutivo, la firma sevillana Publidisa ha organizado su Foro sobre libros electrónicos, en el que se habló de plataformas, de educación, de usuarios, de DRM y de derechos de autor. Pero vayamos por partes. El foro comenzó con un desayuno de expertos en ocasiones poco halagüeño, no por los pesimistas que afirmaban que ya era tarde para hacerse con el mercado, sino por los que no creían que hiciera falta prisa en absoluto por lanzarse a la piscina digital y -aún peor- los que seguían dudando cómo hacerlo, en qué formato, qué dispositivo, qué plataforma. Pero no desesperemos: no todo eran dudas y más de uno y más de dos llamaban a la acción, decidida y razonada. La cosa se animó en las conferencias, salpicadas de un poco sutil product placement sabor a manzana el día antes de que el iPad saliera a al venta en España Los ponentes ofrecieron más entusiasmo y menos incertidumbre. Menos preguntarse para qué ofrecer contenido cuando apenas unos pocos tienen lectores electrónicos y más explicar cómo y dónde puede hacerse. El cuándo está claro, y es ahora. Como había apuntado en el desayuno Antonio Quirós, de la editorial digital Luarna, lo que no digitalice el editor lo escaneará el lector. Los de dentro y los de fuera \”La música se ha visto obligada a desarrollar plataformas como Spotify Lastfm, YouTube, iTunes\”, dijo Silvano Gozzer Reyes, de Anatomía de la edición. Salvo por un pequeño detalle. Ésas no fueron ideas de la industria que llegaron a Internet. Fueron ideas de Internet aplicadas a la música, venían del otro lado de la frontera y tuvieron más éxito que los intentos de las grandes productoras. Da la sensación de que los viejos expertos (los editores, los libreros) titubean antes de dar el salto, mientras la gente del otro lado ya está construyendo el puente, o mejor dicho, los puentes. Modelos con descarga, modelos en la nube, mil tiendas y formatos distintos. Movistar presentó encantada su plan de ser el nuevo intermediario entre lector y editor (esto es, el nuevo librero). No es que la industria editorial esté negándose en redondo. Lo que trasluce en esos titubeos es más cautela que hostilidad, más reparos en una inversión considerable que miedo a lo desconocido. Tampoco viene mal que alguien advierta, como hizo Alberto Vicente en su exposición junto a Gozzer, que no es lo mismo hacerse una cuenta en Facebook y olvidarse de ella que elaborar una estrategia sensata y contratar a un community manager que la desarrolle. Internet sí, pero no a lo loco. Precisamente esta idea, la necesidad de crear un plan coherente y establecer una relación personal con el usuario, fue una de las más escuchadas del día. Luis Francisco Rodríguez , director general de Publidisa, recordó a los editores que son entidades lejanas, que la mayoría de los lectores no puede nombrar. Piedras en el camino Por suerte, se han aprendido lecciones de la música y el cine. Para empezar, en la antipatía a los DRM. Roberto Porras, responsable de Desarrollo de Clientes en Movistar, resumió la cuestión diciendo que estos sistemas fueron uno de los aspectos hicieron de la llegada de la música a los formatos digitales \”un completo caos\”. Las voces a favor de los estándares abiertos eran prácticamente unánimes, especialmente firmes desde el representante de los educadores, Ismail Ali Gago, del Instituto de Tecnologías Educativas, dependiente del Minsiterio de Educación. No se le escapa a nadie que uno de los principales problemas de este nuevo mercado son los derechos de autor. Antonio Muñoz Vico, del departamento de Propiedad Intelectual del bufete Garrigues, explicó la maraña de normas obsoletas que complican la vida al que intenta digitalizar un libro con todas las de la ley, dándole al autor la parte correspondiente. \”Las leyes de propiedad intelectual en todo el mundo han quedado desfasadas por la tecnología\”, explicó, añadiendo que recomiendan a sus clientes que adquieran los derechos para distribuir las obras en formato digital de forma expresa, además de los tradicionales de edición en papel. Pero claro, eso es el enfoque tradicional. Siempre hay más opciones. Decisiones arriesgadas \”Hay que ser valiente, tomar decisiones arriesgadas\”, dijo Muñoz al principio de su exposición. Ese ímpetu es el que hace falta para aprovechar las oportunidades. Más tarde, el arquitecto colombiano Pablo Arrieta, sin duda el orador estrella del día, dio una lección de realidad: los internautas crean, crean sin cesar, y si no encuentran una plataforma que les ayude en el ciberespacio seguirán sin editores, sin agentes, sin intermediarios. Un detalle crucial que no todos parecieron tener claro. Al menos, las editoriales – o quizá deberíamos decir que al menos, las editoriales que participaron en el acto saben que el usuario no las conoce, y que si quieren tener éxito en esta aventura, es imprescindible crearse una identidad, ser otro habitante de la Red, y no un enorme monstruo corporativo que parece poco menos que alienígena. \”Editar es una cosa que ha sido muy igual durante los últimos cien años, y querer que nos volvamos ahora innovadores en un día es un poco complicado\”, admitió Silvano Gozzer durante el debate final, antes de reivindicar el amor por la edición. En general, la voluntad es buena y las iniciativas están ahí, pero falta dar el gran salto. Los editores, incluso los que apuestan por la Red, dicen que es un mercado pequeño, que las previsiones más optimistas lo colocan en un 8 por ciento del mercado. Aquí va una apuesta (pongamos, por ejemplo, un buen libro electrónico) a que dentro de 10 años vemos cómo se pulveriza esa previsión.


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