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Las marcas blancas van en contra de los emprendedores

Hay una relación directa entre la política de bajos precios de las empresas de distribución y los emprendedores. A más éxito de las primeras, peor les irá a emprendedores, artesanos y oficios basados en talento personal. Os lo explicamos.

Si analizamos el negocio de las grandes distribuidoras, léase Alcampo, Mercadona, Carrefour, Lidl, Dia, Eroski, Mediamarkt, etc., vemos que apuestan por precios bajos que consiguen con una presión directa al productor. Dicen que después trasladan a los consumidores esta atractiva política de ofertas, de bajos precios y de márgenes pequeños, pero no siempre es así, por no decir de las consecuencias directas que tiene para el fabricante o productor de estos servicios.

Si los consumidores nos quejamos de que la inflación no es real, que todo está carísimo, y que llenar la cesta de la compra se complica cada vez más, entonces algo no cuadra. Posiblemente tenemos precios menores en muchos artículos, pero a costa de la menor calidad en los productos. No se cumple aquello de que la calidad no es cara.

Lo que si es bueno por parte de estas empresas distribuidoras es la presión para ser más competitivo, ya que exige eliminar costes innecesarios en gestión e intermediación. De un plumazo las empresas abastecedoras se hacen más productivas y muy competitivas. Luego se quitan la propia marca para fabricar sólo marca blanca, eliminando los elevados presupuestos de marketing. Y ahí empieza el cambio de rumbo y debacle como empresa.

Como la presión de precios a la baja es continua, lo que en un principio se convierte en ganancias de productividad acaba con una merma de la calidad de los productos, derivada de esa presión y de la competencia de otros productores (alimentados por la propia distribuidora) que quieren entrar en los lineales de estas tiendas. Como consecuencia de esto, las empresas entran en una especie de espiral de la muerte, donde sólo algunas sobrevivirán como meros abastecedores de no se sabe qué.

Cuando alguien quiere vender en estas grandes distribuidoras, el primer condicionante es que tiene que estar preparado para vender por volumen, es decir, poder llenar los estantes de cientos de tiendas. No se permite que un productor local pueda llevar una pequeña producción porque es realmente exquisita o única en su género y así abastecer a los clientes de la zona. Aquí lo que cuenta es el volumen para inundar todas las tiendas del país con el mismo género y desde el mismo centro logístico.

El que vende naranjas o polvorones, tiene que saber que no le vale llevar lo que recoge en su huerta u horno, sino que tiene que producir millones para abastecer todos los centros del país. Esto implica naves enormes, refrigeración a tope y poca calidad. Si uno va a Ciudad Rodrigo, encontrará las mismas naranjas y turrones en el Mercadona de la ciudad que el consumidor de Barcelona. Y de mercado local, nada de nada.

En segundo lugar, para cumplir con las exigencias de precios baratos de estas empresas que presionan siempre con un descuento adicional, y otro, y otro, al final no hay más remedio que mermar la calidad porque no se puede arañar más en competitividad. Sea lo que fabrique el productor, para ganar más margen y poder dárselo al distribuidor hay que quitar ingredientes buenos y sustituirlos por otros menos buenos y más baratos; el personal será cambiado sacrificando experiencia y saber hacer.

Y en este juego, los emprendedores no podemos participar ni aspirar a vender nuestros productos exquisitos a estos distribuidores. No tenemos volumen ni tampoco queremos sacrificar calidad. Somos artesanos, apasionados de nuestros proyectos y aportamos innovación, inversión, dedicación, profesionalidad, artesanía y un saber-hacer único.

Por eso, cuando vayas a los lineales de estas empresas, si puedes elegir, compra el que no es marca blanca. ¡Algún emprendedor te lo agradecerá!


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