BAQUIA

Las pymes españolas no se fían de la factura electrónica

Está claro que la tecnología y la digitalización pueden ayudar en muchos aspectos del día a día de las empresas. Pero también es cierto que es difícil cambiar la mentalidad y los hábitos desarrollados durante años.

Un buen ejemplo lo tenemos en la factura electrónica. Pese a ser una solución que ahorra papeleos, trámites y espacio en las estanterías, parece que las pymes se resisten a cambiar sus procesos de trabajo.

Un estudio realizado por la empresa de investigación de mercados DNX por encargo de DocOnTime, compañía especializada en facturación electrónica, muestra las importantes barreras de entrada para la adopción de la e-factura en la pyme española.

Las principales barreras son la desconfianza en el sistema, la escasez de información, la indisponibilidad de firma electrónica y los problemas de infraestructura informática, debidos a la diversidad de plataformas de facturación electrónica existentes y a las incompatibilidades entre ellas.

También hay que sumar la carga de trabajo adicional derivada del proceso de cambio al entorno digital, el aumento en el número de incidencias tales como duplicaciones, pérdidas de información y fallos de red, así como la amenaza laboral que puede suponer la eliminación de tareas manuales.

Todos estos obstáculos están retrasando la incorporación de la factura electrónica en el entorno de la pyme. Según David de Prado, responsable de la investigación, “Las pymes no pueden asumir el coste de adopción de los actuales sistemas de facturación electrónica y, más concretamente, de las actuales redes EDI con las que se ven obligadas a trabajar por imposición de las grandes compañías o los portales de clientes y proveedores, que trasladan a las pymes los costes derivados de su relación comercial”.

“Además, este modelo les genera costes adicionales mucho más difíciles de medir, como la pérdida de productividad, e ineficiencias propias de un modelo de relación en el que las pequeñas empresas, por necesidad, se ven obligadas a estar. Si las pymes hoy hacen factura electrónica es por imposición y, desde luego, muy pocas se están realmente beneficiando de las ventajas y ahorros que puede llegar a generar y que curiosamente, identifican en cuanto les mencionas “Facturae”, añade de Prado.

Ese es otro aspecto llamativo de la investigación: aunque las pymes no adopten la factura electrónica, sí aprecian sus ventajas, principalmente el ahorro, la desmaterialización (custodia y almacenaje de papel) y la seguridad.

Las pymes que ya han implantado la facturación electrónica asumen que, si bien esta evolución genera una mayor carga de trabajo, se debe fundamentalmente al proceso de migración y que las incidencias relacionadas con éste se eliminarán a corto plazo.


Compartir en :


Noticias relacionadas




Comentarios