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Las Torres invisibles

El funcionamiento descentralizado, en el que el conocimiento está disperso en un sinfín de puntos, de las economía estadounidense, minimizará el efecto de los brutales ataques. Las instituciones políticas (democracia y Estado de derecho) y económicas (economía de mercado) son unas Torres que no por invisibles son menos formidables. Un par de suicidas no las pueden derribar. Adicionalmente, los avances de las tecnologías de la información (correo electrónico, almacenamiento y seguridad de datos, \”hosting\” de servidores en lugares remotos etcétera) han aumentado el dinamismo y la capacidad de resistencia del sistema.

\”Uncreative destruction\” (destrucción no creativa) es el título que eligió para su columna el periodista Randall W. Forsyth del semanario financiero estadounidense Barron´s. El horrible atentado perpetrado el martes pasado contra las torres gemelas de Nueva York es totalmente diferente a los procesos de \”creación destructiva\” con los que frecuentemente se trata de caracterizar el funcionamiento de las economías de mercado. La competencia destruye, aunque sólo en el sentido económico y no físicamente (!), a las empresas y personas que no se adaptan a las exigencias de los consumidores. Pero ese proceso conlleva la creación de mejores productos y servicios y es fruto de la elección de millones de consumidores.

El funcionamiento descentralizado y poco jerárquico de la sociedad de la información, promovido por los adelantos tecnológicos producidos durante las últimas décadas, minimizará las consecuencias económicas de los atentados. Tras sólo algunos días del demencial ataque ya sobran ejemplos de ello…

La \”Nueva Economía\” aumenta la capacidad de resistencia del sistema…

Un ejemplo de que el cataclismo no ha acabado con el funcionamiento de la Economía es el Wall Street Journal. El edificio de este periódico se encuentra a pocos metros de distancia de las torres derrumbadas y tuvo que ser evacuado. Aún así el periódico pudo salir al día siguiente. La historia de como se editó el WSJ el pasado martes es una oda al funcionamiento descentralizado, en redes, de las tecnologías de la información.

El sistema informático de producción del periódico fue recreado en unas oficinas dedicadas a tareas de administración que Dow Jones, la editora del Wall Street Journal, tiene en South Brunswick (New Jersey). El equipo informático del periódico instaló 100 ordenadores personales en el sótano de las oficinas. Los periodistas del WSJ trabajaron desde sus casas y se comunicaron a través del correo electrónico con los redactores jefes reunidos en South Brunswick. Los cinco cargos más altos del periódico, liderados por el director Paul Steiger, se reunieron en el departamento, que disponía de dos líneas telefónicas y algunas computadoras, de uno de ellos en el barrio del Upper West Side de Manhattan. Desde allí supervisaron el proceso de edición del periódico.

Una vez que, a trancas y barrancas, fue confeccionado el periódico, se mandaron señales a 17 plantas de impresión que el WSJ tiene dispersas en la geografía estadounidense. Debido a que el WSJ se vio obligado a reducir su tirada de su promedio de 1,8 millones de ejemplares a 1,6 millones, los ejecutivos de la empresa decidieron permitir el acceso general a la edición en línea (que normalmente sólo es para sus suscriptores de pago).

Otro ejemplo es Citigroup, cuyas oficinas del Sur de Manhattan tuvieron que ser evacuadas. Sin embargo, la entidad continúa prestando servicios a sus clientes neoyorquinos desde sus oficinas de Londres y Chicago. Asimismo, sus funcionalidades de comercio electrónico están operativas a escala global.

El caso de JP MorganChase es similar. William B. Harrison Jr., consejero delegado de esta entidad financiera, señaló en una carta dirigida a sus clientes que \”estamos disponibles para hacer negocios en virtualmente todo el mundo excepto, como es lógico, en el Sur de la isla de Manhattan. Esto implica que los recursos globales de JP Morgan Chase siguen intactos… y están disponibles desde cualquier lugar del mundo\”.

Estos ejemplos demuestran que la tecnología ha facilitado el funcionamiento descentralizado de la economía y por tanto la han hecho más resistente frente a ataques en puntos concretos. En otras palabras, la destrucción del lugar físico en el que se publica un periódico, se realiza una transacción bancaria o se presta un servicio financiero no fue un obstáculo a la hora continuar prestando estos servicios. Las tecnologías de almacenamiento y seguridad de datos y de replicación de contenidos en distintos servidores del mundo entero, así como la comunicación a través del correo electrónico han permitido que a pesar del daño causado en el mundo real (Torres Gemelas, Pentágono) la operatividad del sistema no haya sido dañada de manera grave.

… que se basa en unas instituciones a prueba de fuego

Estas tecnologías son apoyadas por la fortaleza de las instituciones políticas y económicas que son la verdadera, e invisible columna vertebral de EEUU y el mundo occidental. Estas normas de funcionamiento consisten en la manifestación de preferencias políticas a través de la votación de los millones de ciudadanos que viven en la vasta geografía estadounidense.

Los sistemas de democracia directa pueden acercar aún más a los representantes (políticos) y representados (ciudadanos). Por su parte, las preferencias económicas se manifiestan a diario en millones de decisiones de compraventa de artículos y servicios para el consumo así como en la compraventa de activos financieros (bolsas, mercados de renta fija etcétera). Hay que recalcarlo: estas decisiones son tomadas de manera descentralizada y los conocimientos están disperso en millones de ciudadanos distintos.

La enorme capacidad de resistencia y eficiencia del sistema reside en su legitimidad democrática y en su carácter dinámico, poco jerárquico y descentralizado. A pesar de que se señale que el ataque a las Torres Gemelas fuera al corazón del capitalismo, ese corazón no dejará de latir porque, al contrario que en el ser humano, el corazón está en las instituciones. Afortunadamente esas normas de funcionamiento político y económico del sistema que son las instituciones tiene el don de la ubicuidad.


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