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Lo que no se puede decir en Internet

Internet es libre, gritamos cada día. Uno puede decir lo que quiera, abrir un blog o intervenir en un foro para decir lo que sea. Es la libertad de expresión convertida en medio de comunicación. El lugar en el que tienen cabida todas las opiniones, todos los puntos de vista.

Todo eso es (bastante) cierto en lo que se refiere a las opiniones sobre el mundo real (así, con cursivas, para diferenciar). Mientras elmundo.es sigue siendo el líder en información en Internet, muchas otras webs se llenan de puntos de vista opuestos al del diario. Existen tanto iniciativas conservadoras como páginas que parecen encarnar la expresión \”de izquierdas\”, y todos dan su punto de vista sobre la realidad.

Es cuando se habla de Internet, y por extensión de informática o de temas relacionados con la tecnología, cuando surge una corriente de opinión mayoritaria. No es algo malo, ni tampoco bueno. Si acaso, es una prueba de que los internautas ya forman una sociedad. Con sus convenciones y sus paradigmas. Con cosas que pueden decirse, y otras que no.

No hace falta ser un genio para distinguir unas de otras. Basta con asomarse a un agregador de noticias, como Menéame o Fresqui, y ver cuáles son las noticias que los usuarios votan. O participar en cualquier foro o blog, para comprobar cuáles son, digamos, los usos y costumbres.

Por ejemplo, un tema en el que la opinión pública internauta es incuestionable es la descarga de archivos a través de redes P2P. Al margen de que sea legal (que lo es, al menos en España), en Internet es una práctica socialmente aceptada. Descargarse música no sólo no es reprobable, sino un derecho, y ninguna campaña de propaganda puede cambiar esa creencia. En España, la SGAE es el villano principal en esta historia, y ha recibido una campaña ciudadana de propaganda negra que no puede compararse a ninguna otra en el país. Una campaña a la que, tal vez, no ha sabido responder.

El pingüino salvador… de unos pocos

Si la SGAE es el villano, Bill Gates es el diablo, Windows es malo y Microsoft una corporación maligna que aspira a controlar nuestros cerebros. Y sin embargo, ¿cuántos de los internautas utilizan Windows? La inmensa mayoría.

Y al revés, Apple y Linux, en sus diversas distribuciones, ocupan el lugar del salvador que viene a rescatar a los usuarios del código chapucero y las amenazas de seguridad (o eso se dice). Y lo mismo, a pequeña escala, ocurre con los navegadores: se proclama que Firefox y Opera son muy superiores a Internet Explorer, pero cualquier webmaster sabe que aunque la tendencia empiece a variar poco a poco, la mayoría de sus accesos siguen viniendo del navegador de Microsoft.

¿Qué significa esto? Que en realidad, esa \”opinión pública\” no representa más que a una pequeña parte de los internautas, a los más activos. Algo que no es de extrañar, una vez sabemos que apenas un 5% de los usuarios produce casi la mitad del tráfico.

Menos minoritaria es la actitud de los internautas ante sus derechos. Muchos de los usuarios de Internet son conscientes de que administraciones y empresas tienen intereses bastante opuestos a los suyos en la Red, y han decidido no a ceder. Desde asociaciones, en foros o como individuos, los internautas han tomado partido a favor de causas como la neutralidad de la Red, la reducción de la brecha tecnológica o la protección de su intimidad.

Borrar o no borrar

Pero no todo es elegir entre un programa u otro, o luchar por los derechos adquiridos. Muchas veces, el problema viene con la forma de actuar. El bloguero común y corriente se enfrenta tarde o temprano a la difícil decisión de borrar o no un comentario: ¿pueden borrarse los insultos? ¿Se sustituye el comentario del troll por una nota de atención? ¿La reacción debe ser la misma si se insulta al autor que a los otros lectores? Y tome la decisión que tome (borrar o no borrar, contestar o no contestar) recibirá críticas por coartar la libertad de expresión o por no ejercer su autoridad.

Es la misma situación que vive el moderador de un foro cuando se encuentra con que banear a un usuario, aunque sea de forma provisional y debido a insultos, faltas de respeto e incluso amenazas, se le acusa de censurar y de coartar la libertad de expresión, y si la discusión dura lo suficiente se le compara con algún dictador.

Paso a paso

Evidentemente, es imposible que todos nos pongamos de acuerdo. Y aunque la mayoría llegara a un entendimiento, sería un síntoma de buena salud el que cualquier pudiera disentir.

Lo que ocurre es que la comunidad internauta está en constante desarrollo. Como grupo social somos casi unos novatos, experimentando en un mundo nuevo para el que no sirven las normas del antiguo. Aún tenemos que adaptarnos, que decidir las posturas que tomar ante cada situación. Un buen ejemplo lo tenemos en los trolls, que si antes recibían toda clase de insultos de los demás participantes, ahora son sencillamente ignorados por el resto de los usuarios.

Igual que hemos ido aprendiendo las normas de la netiqueta, una suerte de buenas maneras para la Red. No escribir con mayúsculas, porque parece que se está levantando la voz; leer antes de responder, no insultar (parece mentira que haya que pedir algunas cosas) o intentar respetar las normas más elementales de la ortografía.

Estamos aprendiendo, y decidiendo qué nos gusta y qué no nos gusta. Es sólo que a veces viene bien algo de autocrítica, y reconocer que no siempre dejamos lugar a todas las opiniones.
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