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Los análisis de Merrill Lynch, en tela de jucio

Los vaivenes de las acciones en bolsa son muchas veces un asunto esotérico, ciertamente inexplicable; mientras que hay empresas sin activos ni modelo de negocio cotizando por las nubes, otras de mayor solidez se hunden en la miseria. Detrás de algunas de las explicaciones de los movimientos bursátiles, se encuentra la opinión de los analistas, cuyo poder es capaz de hacer templar el parqué.

Sobre el trabajo de los analistas de ventas (sell side analyst), auténticas estrellas de Wall Street que a través de sus informes intentan generar comisiones de compraventa para su casa bursátil, cae a menudo la sombra de la sospecha. La objetividad de su opinión se pone en tela de juicio ya que realizar informes favorables de una compañía les reporta beneficios económicos: sus salarios dependen de las comisiones de compra del banco de inversión y, además, las empresas que realizan ampliaciones de capital, emiten bonos o hacen OPVs dependen del banco y de los estudios de sus analistas a la hora de vender sus títulos al público. (Cuanto más positivos son los estudios de los analistas más posibilidades tiene el banco de colocar la emisión y mayores serán sus ingresos; el banco cobra una comisión de colocación de entre un 3% y un 7% del valor de la emisión, lo que supone una parte importante de los ingresos de entidades como Goldman Sachs, Morgan Stanley o Merrill Lynch).

Precisamente, los analistas de Merrill Lynch están estos días aflojándose el nudo de la corbata. Un juez de Nueva York ha ordenado al banco de inversión reformar su división de análisis de renta variable (de empresas de Internet), después de que una investigación llevada a cabo durante 10 meses por fiscales del estado destapase evidencias de que los estudios de Merrill en varias empresas de Internet engañasen a los inversores. La orden judicial exige revelar a los inversores las relaciones del banco con sus clientes y proporcionar mayor contexto sobre las calificaciones (ratings) de las acciones.

La decisión del juez sigue a una querella de 38 páginas presentada por el Fiscal General de NY, Eliot Spitzer, basada en miles de documentos y emails, que demuestra que los analistas de Merrill mantenían públicamente ratings positivos sobre empresas que luego ridiculizaban en privado. En algunos emails citados por Spitzer los analistas se refieren a acciones sobre las que Merril recomienda la compra como basura (\”a piece of junk,\” \”crap\” o \”a dog,\”).

Entre los 10 empleados de Merrill Lynch entrevistados en la investigación se encuentra el analista estrella Henry Blodget, famoso por provocar con sus comentarios las mayores y más fulgurantes escaladas de la cotización de Amazon o eBay. Boldget muestra en algunos emails su hartazgo al tener que hablar siempre bien de empresas sin valor: \”empezar a hablar de las acciones… como las vemos, sin importarnos las consecuencias que provoquen sobre el negocio\”.

Para Spitzer se trata de una escandalosa traición a la confianza por parte de una de las empresas de mayor crédito de Wall Street, y debe ser (el caso) \”un catalizador para la reforma de toda la industria\”.

Sin embargo, Merrill Lynch afirma que no hay base para asentar las alegaciones. \”Es un ultraje porque no tuvimos ocasión de defendernos contra las acusaciones en el tribunal, confiamos en que una justa revisión de los hechos muestre que Merrill Lynch ha llevado a cabo sus análisis con independencia e integridad\”, se defienden. Pero Spitzer asegura que los documentos revelan \”una importante ruptura de la separación entre el banco Merrill Lynch y sus departamentos de investigación\”, que cubrieron —positivamente en casi toda las ocasiones— las acciones de Internet entre la primavera de 1999 y el otoño de 2001.

Merrill Lynch también ha sido citado en las querellas de los inversores relacionadas con empresas de Internet que cayeron desde lo alto, igual de rápido que subieron, como eToys, Webvan, Buy.com o Pets.com.

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