Los blogs de empleados y la ley del silencio

Que un empleado airee en un blog las intimidades de la compañía en la que trabaja es algo a lo que muchas empresas no se han acostumbrado todavía. Un artículo del New York Times destaca el choque de mentalidades que se produce en el ámbito corporativo: en esta época del año, muchos recién licenciados se incorporan a la empresa privada, llevando con ellos un halo de frescura e inocencia y desconocimiento de las reglas (escritas o no) con las que se rige el mundo empresarial, a lo que se une su alta familiaridad con las herramientas de comunicación que les facilita Internet. Nada más lógico, por tanto, que abrir un blog y empezar a narrar sus nuevas experiencias. Y aquí es donde surge el conflicto: lo que al empleado le parece perfectamente natural, a su jefe puede no hacerle ni pajolera gracia.
¿Quién no ha despotricado alguna vez contra sus superiores en el trabajo? El problema es que lo que hasta ahora no pasaba de un desahogo o un intercambio de impresiones privado entre los compañeros de oficina, puede alcanzar una enorme resonancia a través de Internet. Y obviamente, a ninguna empresa le agrada que se divulgue lo que sucede de puertas adentro. En Estados Unidos apenas el 8% de las empresas ha comenzado a aplicar políticas de regulación del corporate blogging, aunque a este paso se convertirá en práctica habitual y en justificante de más de un despido… lo cual añade cierto morbo a la posibilidad de escribir sin ser descubierto.
Pero también encontramos algún ejemplo en el que no sólo no se persigue al “delator”, sino que se escuchan sus aportaciones. Es el caso del blog Mini-Microsoft, cuyas sugerencias han sido tenidas en cuenta por la compañía de Bill Gates para mejorar las condiciones de trabajo en la compañía. Puestos a mal pensados, alguno podrá decir que es el propio Bill –o algún otro directivo- el que redacta el blog, por lo que lo único que cambia es el canal por el que discurre la comunicación jerárquica (yo doy las órdenes disfrazadas de sugerencias a través de este blog, y quedamos de lo más moderno). Sea como sea, parece un caso excepcional ante lo que se avecina: la omertà corporativa. Más


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