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Los blogs o el poder de la prensa paralela

Eason Jordan, jefe de Noticias de la CNN, ha dimitido por sugerir off the record (comentarios no públicos) en el último Foro de Davos que militares de EEUU destacados en Irak mataron a propósito a periodistas, algo que puede ser tan falso como cierto. No lo sabemos, ni quizás lleguemos a conocerlo nunca.

Pero no parece una sugerencia tan descabellada: ya se sabe que en el amor y en la guerra todo vale. En cualquier caso, el traslado de sus palabras a los blogs determinó el principio del fin de su carrera. Esto ha generado un intenso debate, una agria polémica sobre el poder y la influencia que están adquiriendo los blogs.

Un poder y una influencia crecientes, vivísimos, que medran al amparo de la dimisión de los medios de comunicación tradicionales, sujetos a otras esclavitudes más bien financieras que a su auténtica obligación: servir al público.

Así es como los dueños de weblogs y bitácoras afirman -con razón- que son más independientes que la prensa clásica. Vigilan estrechamente a ésta y reaccionan a las primeras falsedades de cambio.

Lo que los gurús discuten estos días es si la blogosfera, la nueva plaza pública, potencia la libertad de expresión o es un medio para linchar a periodistas y políticos. O de usar mal las fuentes. Porque ya hay verdaderas guerras entre los blogs de derechas y los de izquierdas. Incluso se reclama el derecho a la protección de la identidad de sus fuentes.

Por otra parte, el fenómeno de la rumorología -que afecta ya a todos los ámbitos y secciones del periodismo y la blogosfera, desde los deportes hasta las finanzas, pasando por el corazón o la tecnología- es tan fácil de crear como difícil de frenar en sus máximos efectos: aquellos que logran destruir la reputación de un tipo o, directamente, cercenar su carrera profesional.

Pero, en general, el balance de la actuación de los bloggers viene siendo positivo. Para la información y la verdad. Para usted. Recordemos el rathergate; la fotografía del asesinado cineasta Theo Van Gogh, publicada en exclusiva por De Telegraaf y tomada por un ciudadano corriente que se convirtió en el único testimonio gráfico que mostraba los cuchillos clavados en el cuerpo -cuando llegaron los reporteros, el cadáver ya estaba tapado-.

Muchas personas sacan fotos con sus móviles y las venden a las televisiones, a los periódicos; en Japón ya es una práctica normal. Lo que cabe preguntarse entonces es: ¿para qué siguen funcionando las facultades de periodismo? Puede que su fin esté próximo. Todos podemos ser informadores sin ellas.


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