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Los desastres del “efecto sobrino”

¿Dejaría usted que le extirpara una muela un pariente que ha visto un vídeo en YouTube sobre dentistas en acción? ¿Confiaría el arreglo del motor de su coche al vecino que ha hecho un cursillo de mecánica por correspondencia? Probablemente no. Entonces, ¿por qué en el sector de la tecnología, concretamente en el diseño de páginas web, todavía hay muchos -empresas incluidas- que delegan el trabajo en aficionados? Tal vez porque (valga el trabalenguas) para quien no sabe nada, el que sabe un poco ya sabe mucho…

En este artículo, Germán Piñeiro nos describe los desastres más habituales derivados del “efecto sobrino”, esas webs que, con mejor voluntad que resultados, parecen diseñadas por el enemigo. Lo peor, el perjuicio de la imagen corporativa.


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