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Los desechos informáticos golpean con fuerza el medio ambiente de los países pobres

Buena parte del material informático usado que EEUU envía a los países en vías de desarrollo para su uso en hogares, escuelas y negocios es a menudo no reutilizable ni reparable. Además, crea problemas medioambientales enormes en algunos de los lugares más pobres del mundo. Por ello, la basura electrónica se está convirtiendo en un problema cada vez más preocupante.

El informe Digital dump: exporting reuse and abuse to Africa, hecho por la organización ecologista Basel Action Network, asegura que la situación es particularmente cruenta en Nigeria, aunque ni mucho menos exclusiva de aquel país. Dice el National Safety Council que en EEUU, cuando termine este año, habrá más de 63 millones de ordenadores obsoletos. El plomo -un monitor de ordenador puede tener hasta cuatro kilos-, los plásticos, el cadmio y otros productos de los PC son perjudiciales para la flora y fauna y también para las personas.

Lagos, la capital nigeriana, pese a que cada vez tiene más empresas e industrias tecnológicas, carece de una infraestructura adecuada para el reciclaje de la electrónica. Esto significa que los equipos importados terminan a menudo en basureros, donde las toxinas de los ordenadores llegan a contaminar las aguas potables subterráneas y creando condiciones malsanas.

El puerto de Lagos recibe cada mes 500 contenedores con equipos electrónicos usados. Cada contenedor lleva unos 800 ordenadores. Esto da 400.000 PC, de los cuales el 75% es inservible; repararlos resultaría antieconómico.

EEUU es el único país desarrollado que no ha ratificado la Convención de Basilea, un tratado llevado a término por la ONU para limitar el tráfico de desechos peligrosos. Numerosos equipos informáticos obsoletos son acumulados en EEUU bajo el pretexto de que son donaciones para países pobres, cuando en realidad se trata principalmente de equipos totalmente inservibles.

A menudo se usa el pretexto de tender puentes para paliar la brecha digital, para encubrir el hecho de que, en realidad, se trata de puentes para transferir basura tóxica, concluye el informe.


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