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Los emigrantes descubren la videoconferencia

Pocos hubieran apostado que el éxito de la videoconferencia llegara de la mano de los más pobres. Ante una herramienta concebida como un servicio para ejecutivos con el objetivo de ahorrar viajes y mejorar la comunicación gracias a los nuevos sistemas sobre Internet, relativamente baratos, los emigrantes son ahora un segmento de la población que está dando un salto cuántico en su uso.

El diario New York Times nos cuenta la aventura de Jesús L., un ecuatoriano que lleva más de 11 años ilegalmente en EEUU, durante los cuales no ha podido regresar a su país por temor a no poder volver. Gracias a una sesión de videoconferencia por Internet, ha conseguido compartir unos intensos minutos con su familia y sus hijos, a los que lleva todo ese tiempo sin ver. Su mujer, que está con Jesús en EEUU, le acompaña y explica a sus tres hijos en Ecuador que está de nuevo embarazada.

El NYT nos habla de una verdadera revolución silenciosa en el uso de este tipo de conferencias entre emigrantes de cualquier país. Pequeños locutorios en los países de origen, con una conexión de banda ancha, permiten reunir a familias enteras para que se vean y hablen con sus seres queridos, casi siempre en un país desarrollado del mundo rico.

Mientras que los sistemas de videoconferencia son conocidos en los países desarrollados desde hace tiempo, en los países de los que llegan los emigrantes se trata de un fenómeno relativamente nuevo. Sin embargo, el desarrollo está siendo fenomenal por la carga de emoción que aporta a las conversaciones entre familias alejadas por miles de kilómetros y que no tienen la posibilidad de verse físicamente durante años.

Algo que Internet está también cambiando es la forma en la que gente desplazada se comunica con sus familiares. Pronto veremos este tipo de servicios como habituales en todas las grandes ciudades con un número importante de emigrantes.


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