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Los innovadores son como un grano en… salva sea la parte

\”La innovación es ineficiente. Casi siempre, falta de disciplina, contraria e iconoclasta; se autoalimenta de confusión y contradicción. En corto, ser innovador es todo lo contrario de lo que los padres quieren para sus hijos, la mayoría de los CEOs para sus compañías y los jefes de Estado para sus países. Y además, la gente innovadora es como un grano en el culo. Y, sin embargo, sin innovación, estamos abocados al declive\”.

Son la frases iniciales del artículo que Nicholas Negroponte escribió con el título de Creating a culture of ideas para el MIT Entreprise Technology.

La descripción, si se traduce a España, es ampliable. El sueño de todos los padres -por lo menos la mayoría de los que conocemos- es tener hijos que sean notarios, registradores de la propiedad o abogados del estado. Si no valen para estos puestos, que por lo menos sean ingenieros de caminos. La innovación es una asignatura pendiente en España porque tanto los CEOs como el Gobierno piensan, citando a Negroponte, que \”la gente innovadora es como un grano en el culo\”. ¿Qué pesados, no? Tienen ideas. Encima ideas que nadie ha probado. ¿Serán cretinos? Con la prisa que tengo hoy, que me espera Paco en el campo de golf y vamos a hablar de la recalificación de un terreno que puede ser la monda para los 5 próximos años…

La sociedad que no innova, declina.

¿Se han dado cuenta, en cualquier conversación sobre una nueva idea, cuantas pegas se ponen? Que si esto no es posible. Que si lo fuera ya lo habría hecho Repsol… En fin, el entorno idóneo para innovar. No digamos ya después del batacazo de Internet. El, \”No, si ya te lo decía yo…\”, se ha convertido en la sentencia clave para frenar en seco cualquier discusión sobre un nuevo negocio, una nueva idea, un nuevo proyecto.

Y eso no quiere decir que no se cometieran errores. Muchos, sí señor, pero eso nos debe servir para aprender, no para pararnos.

Desgraciadamente, Negroponte tiene razón: los innovadores son un latazo, sobre todo si nos interrumpen mientras estamos tratando de ganar dinero en algo serio como la especulación inmobiliaria o del ladrillo. No digamos si además de innovadores, son emprendedores. Es una enfermedad de difícil curación. Cualquier padre rezará todos los días para que sus hijos no la contraigan.

En su última estancia en Madrid, Negroponte -bastante bajo de forma por cierto, parecía afectado por estado letal de la innovación- contó un relato de su madre hablando con su nieto -el hijo de Nicholas- durante los desayunos de sus vacaciones. Éste le contaba su proyecto empresarial personal; la anciana madre de Nicholas escuchaba con interés. Un par de día más tarde, viendo Negroponte huellas de preocupación en la frente de si madre, le preguntó qué le pasaba. La respuesta, que podría ser típica de cualquier abuela española:

\”Es que por fin he entendido que Nico -el hijo de Negroponte- está desempleado\”, le explicó muy preocupada la anciana.

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