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Los juegos, los mejores maestros de habilidades profesionales

Los juegos se están revelando como instrumentos ideales para el entrenamiento y desarrollo laborales (precisa registro). A diferencia de la educación adquirida en manuales, conferencias y aulas, los juegos multiactores ofrecen muchas más prestaciones en este sentido. Los ambientes virtuales son plataformas seguras para hacer pruebas y ver posibles errores.

Los juegos de simulación han creado herramientas excelentes para entrenar a la gente en habilidades manuales; por ejemplo, hay un simulador de vuelo que corre sobre PC y que ha sido certificado por las autoridades estadounidenses de aviación civil. Muchas veces, en estos juegos se trata de emprender búsquedas, de abrirse caminos; de superar desafíos particularmente arduos a base de habilidades, talentos y acciones acertadas.

Esto permite que los profesionales flexibilicen sus pensamientos y se hagan más sensibles a las diversas realidades sociales. En los juegos que requieren la presencia de varios individuos, uno de ellos tiene que llevar la voz cantante; ideal para verificar sus cualidades de líder: ¿Sabe compartir el conocimiento, los recursos y la mano de obra? ¿Conoce el arte de evaluar a los demás y de reclutar nuevos miembros valiosos? ¿Es capaz de orquestar estrategias de grupo?

En fin; se aprende de todo. Por ejemplo, a desenvolverse en atmósferas desconocidas hasta el momento; a saber reaccionar con presteza; a tomar decisiones continuas… Quizás no esté tan lejos el día en que los departamentos de recursos humanos de las compañías reciban solicitudes de empleo en las que los candidatos se vanaglorien de ser expertos en ciertos juegos.

Es sin duda un método mejor que los tradicionales, generalmente plúmbeos; la educación y el entrenamiento interactivos apasionan a los empleados y ahorran dinero a las empresas. De hecho, los militares han usado vídeojuegos como arma de desarrollo profesional desde los años 80.

El mercado para juegos de educación corporativa es pequeño pero crece con rapidez, al albur de las facilidades que ofrecen: los trabajadores pueden practicar desde sus casas, por ejemplo, lo que elimina la necesidad de contratar a serios y aburridos conferenciantes.

Además, se trata de productos más baratos; un típico juego de entrenamiento militar cuesta no más de 10 millones de dólares, mientras que los más sofisticados de otros campos valen incluso el doble.

¿Por qué? Ya que las variantes corporativas no requieren explosiones dramáticas, manifestaciones bélicas impresionantes o complejos gráficos 3D, cuestan mucho menos.


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