Matices imprescindibles

Los inagotables avances tecnológicos han puesto para siempre ya en un primer plano el tema de la protección de datos personales. Hablamos de un derecho fundamental, es decir, que goza de una especial salvaguarda en nuestro ordenamiento jurídico. Sin embargo, y debido en gran parte a los medios de comunicación, se tiende a presentar los conceptos intimidad y privacidad como idénticos, cuando no lo son.

Así, la intimidad aparece como algo restrictivo y ceñido a la parte psicológica del individuo; se trata de sus creencias de todo tipo, sus sentimientos y en general toda la información delicada relativa al mismo.

En cambio, la privacidad albergaría las preferencias y gustos de la persona, aquellos datos que, convenientemente mezclados e interpretados, nos darían ya un perfil anatómico bastante preciso.

Discrepamos con el autor del artículo que venimos glosando cuando afirma que \”el NIF de una persona no es un dato íntimo, ni siquiera privado, pero es un dato personal sobre el que el individuo tiene la capacidad de decidir a quién se lo proporciona\”.

Como Hacienda, o algún juzgado, o un policía, tengan a bien solicitarnos ese dato y no se lo demos, los problemas para nosotros estarán a la vuelta de la esquina. La capacidad de decidir a quién se proporciona esa información es tan limitada como peligroso puede tornarse el ejercicio de esa sólo presunta libertad.

En cualquier caso, cada uno de nosotros decide. A algunos no les importa hablar de su afiliación política, pero otros sentirán pavor de que sus opiniones sean del dominio público; hay quien no tiene inconveniente en manifestar sus creencias religiosas y quien considera este dato como íntimo y sagrado. Lo importante es saber que el derecho nos ampara. Más.


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