BAQUIA

Mi navegador vuelve a ser mío

Se llama Xupiter y según muchos expertos, es lo peor que le puede pasar a su privacidad. Consiste en una barra de navegación que aparece por arte de magia en su navegador y se adueña de su control. Es casi imposible de desinstalar, y su efecto es tan malévolo que ahora, según explica Wired Magazine, dos estudiantes expertos en Microinformática, Jay Cross y Christopher Carlino, han decidido convertirse en investigadores y seguir la pista de los programadores de este monstruito que es una peste peor que un virus.

Al no serlo, los antivirus no reaccionar a su presencia. Gracias al artículo de Wired hemos podido aplicar la solución cargando el Spybot Search & Destroy, una utilidad gratuita pero que solicita una donación -que hemos hecho con gusto- una vez desaparecida la indeseable barra, y con ella todo un acompañamiento de programas de juegos ilegales y pornografía que el maldito Xupiter se había encargado de bajar a nuestro ordenador.

Uno de los programas que hemos podido desinstalar también ha sido Spyware Nuker, un programa que, según los autores de Spybot, es una copia ilegal de su propio programa gratuito y que se está difundiendo a base de spam por toda la Red. Es decir, a quienes lo han comprado, les ayuda a desinstalar el software espía y se instala él para hacer lo mismo, pero sólo con quienes han llegado a acuerdos con su empresa. Si es que a tamaña operación se le puede denominar empresa.

¡Ojo! Xupiter ofrece una utilidad para desinstalar su software. Sin embargo, no es más que un truco para generar más destrozos en el navegador del usuario, que no puede utilizarlo hasta que vuelve a instalar Xupiter. Al parecer, Xupiter sólo actúa con el Internet Explorer de Microsoft, o al menos en la redacción de Baquia no nos ha aparecido en las pruebas hechas con Netscape, Opera ni Mozilla.

Les deseamos suerte a Jay y Christopher en su tarea. Es verdaderamente increíble la cantidad de tiempo que nos puede hacer perder una agresión de este tipo. Personas que navegan diariamente se ven asaltadas por docenas de popups ilegales que son una práctica todavía más intrusiva y maliciosa que el spam que nos llega a través del correo electrónico.

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