Morir matando

La industria discográfica se resiste a dar por muerto su caduco modelo de distribución de contenidos. Poco parece importarles que los reproductores mp3 estén arrinconando cada vez más a los CDs, que el P2P sea imparable por mucho que de vez en cuando se tomen acciones contra cabezas de turco elegidos al azar, que los formatos evolucionan lo mismo que las costumbres de los consumidores, que sólo un modelo de negocio, y no la música ni la cultura, está en entredicho. Ellos a lo suyo: a mantener a toda costa una casa que amenaza ruina por los cuatro costados, y que tarde o temprano acabará cayendo bajo el peso de sus propios escombros.
Y pese a todo, no nos preocuparían las acciones de una industria que se agarra a clavos ardiendo si no fuera por la enorme influencia que todavía ejerce sobre las esferas de poder, aquellas que hacen las leyes, pues de lo contrario seguramente nos divertiríamos con sus desesperadas pataletas. Primero fue Francia donde se equiparó a los usuarios de las redes P2P (recordemos: personas que comparten con otras una canción o una película para disfrute personal) con delincuentes comunes; ahora han seguido Alemania y México, donde quien se baje una película puede ser condenado respectivamente a dos años de cárcel y 40.000 dólares de multa.
¿Y en España? ¿Conseguirán restablecer la quema de herejes en espacios públicos? No negarán que sería una excelente estrategia disuasoria. Más


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